Después de unos cuantos artículos un tanto intensos, creo que ya va siendo hora de quitarle hierro al asunto. Y qué mejor que contaros mi ¿experiencia? en mi No-Casting de hoy.

Hoy había un casting en la ciudad y no de cualquier cosa, no… De la mejor serie del mundo mundial que me flipa por demás: El Ministerio del Tiempo.

Algunos diréis que qué exagerada, las hay mejores… Escribid vosotros un blog y decid ahí cuál es vuestra serie favorita. Este es mi blog y mi serie favorita por el resto de los tiempos es y será El Ministerio.

Bien. Aclarado este punto, como buena minihistérica ministérica, con sólo leer que había casting, ya estaba yo viéndome al lado de Alonso de Entrerríos, escuchándolo y riéndome de las gracias del guión.

Pero, hete aquí, que cuando leo bien la convocatoria de casting o cómo se llame eso que sirve para que te cojan como figurante, compruebo con estupor que lo que piden son hombres barbudos, melenudos y con rasgos indígenas.

No podrían haberme NO definido mejor. Esto echaría para atrás a cualquiera de TEZ CLARA, pero no a mí, que soy cuasi transparente.

Y allá que fui esta mañana, monísima yo, con mi melena -¡una de las condiciones que pedían!- en un semirecogido informal, mi cara ausente de vello (OJO, que todo es cuestión de tiempo) y SIN PENE pero que, si no me pedían despelotarme desvestirme, no estaba la causa tan perdida. Vamos, digo yo. Es que a positiva no me gana nadie.

Cuando llegué vi que no era la única que se había pasado lo que pedían por el arco del triunfo. Aunque la mayoría de féminas que había eran de piel morenita. MIERDA.

Ellos tampoco se quedaban atrás, porque melenudos y barbudos… Pocos, muy pocos. Además, no valía cualquiera con barba, no. A los hipsters los descartaban por llevarla cuidada… JAJAJA. Si es que no os adecuáis a lo que están pidiendo, hombre.

A la media hora de estar allí, salió el director de casting o algo de eso, diciendo que era una prueba genérica, que lo que pedían eras hombres con barba, con pelo largo, blablabla… Todas las jovencitas de tez aceitunada salieron corriendo.

Sólo nos quedamos una mujer de unos 50 años y yo. De pejiga ya. Y hablamos (bueno, en verdad habló ella; yo sólo me apalanqué a su lado) con el señor que había salido a joder destruir todos mis sueños de conocer a Nacho Fresneda, Aura Garrido y Hugo Silva. Y nos dio el nombre de la productora para buscarla en Facebook, donde publican todos sus casting.

Así que nada. Ahí iba yo de vuelta, a mi clase de inglés, sabiendo que más temprano que tarde esa productora, u otra cualquiera, me daría mi lugar en el mundo de la farándula.

Con una tupida barba, por supuesto.

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