Desconozco en qué momento y por qué sobrevienen las crisis existenciales que dan la vuelta a mi mundo y que no hacen otra cosa que hacerme dudar de casi todo.

Quizás en ese lugar oscuro -¿o luminoso?- donde viven mis historias, lo que tengo que contar, lo que me queda por crear, esté LA RESPUESTA.

Es como la materia oscura, no la he visto nunca, pero sé que existe (¿será el dios de los ateos?); da origen a todo, pero nadie -no científico- sabe explicar muy bien por qué y cómo.

O eso parecía hasta hace unos días, que se ha descubierto una galaxia en la que la materia oscura parece no haber pasado por ella. La verdad es que cada vez que la leo o se menciona no puedo evitar relacionarla con Sheldon Cooper. Y sonreír.

Hoy he sido consciente -de manera reiterada- de que en estos momentos agotadores únicamente me fijo en lo que no tengo, de lo que carezco, de todo lo que me quedaría por hacer para llegar a donde quiero.

Y arrincono SIN COMPASIÓN lo que ya he conseguido, los límites que ya he rebasado, los acantilados que he bordeado y el control que he tomado.

Sobrevuelo un campo de minas, segura de que no seré yo la que haga explotar ninguna.

Rozo con mis finos y pequeños dedos algunos sueños que no logro atrapar del todo, pero que eternamente pululan a mi alrededor, mientras yo voy girando de puntillas una y otra vez, OBSERVÁNDOLOS.

A veces, al alargar mi brazo tempestuosamente para intentar asirlos, me tambaleo del centro de gravedad que me mantiene erguida y, en el bamboleo de mi cuerpo, es cuando aparece esa materia oscura que no proviene del universo, o sí, pero que es únicamente mía.

Me zarandea, me golpea, a veces caigo a diferentes profundidades, hasta que siento algo sólido bajo mis pies.

Entonces, mi alma de bailarina me eleva del fondo sombrío y confuso. Fluyo e, imperceptiblemente, vuelvo a verme de nuevo girando en relevé, pero asida a la tierra, despacio, contemplando de nuevo -sin atreverme a rozar siquiera- lo que ya percibo, otra vez, como algo muy lejano.

Son las nebulosas de los sueños, que a veces se hacen tan nítidas y cristalinas que engañarían hasta al granuja más embaucador.

Son las brumas de los deseos que, lejos de atraparlas tú, te alcanzan ellas, empujándote al desarraigo.

Son sombras suaves y acogedoras, que siempre están ahí: hacen de tu pasado algo insignificante, de tu presente una migaja escurridiza y de tu futuro algo esperanzador, deslumbrante y colmado de posibilidades.

Y es esta última sensación, esa emoción latente la que te impulsará en parte del viaje: la paciencia para no desesperarte y el esfuerzo para alcanzarlo.

El talento ya lo tienes.

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