Hará cuestión de unos pocos meses me encontré con una amiga de la juventud de toda la vida y, aunque nos vemos a menudo, tenemos pocas ocasiones para charlar y ponernos al día.

Pues como decía, hace unos pocos meses tuvimos un ratín para darle a la sin hueso y me puso al corriente de cómo estaba el mercao (cosa que yo conozco únicamente por mis amigas solteras y por lo que leo por ahí, ya que llevo fuera del mismo desde tiempos inmemoriales).

Bueno, entrando en materia, esta buena amiga -llamémosla Anabel- me narraba un comentario hecho por el hombre con el que -PARECÍA- comenzaba a forjarse una relación.

Como antecedentes decir que es de sobra conocido que si la mujer tiene hijos y el hombre no, en muchos casos (no en todos, pero me reitero, SÍ EN MUCHOS), el tío suele echarse para atrás porque lo de los niños…, si no son suyos… Como que no.

Oye, que está en todo su derecho. Aunque se supone que los hijos son del padre y de la madre; la pareja de alguno de los dos (o de ambos) se implicaría lo que quisiera y se ajustara a su comodidad.

Que también pasa al revés, no digo que no, pero menos. MUCHO MENOS. No tengo ningún caso constatado de que si el tío le mola de verdad, la tía se eche para atrás porque tiene niños. NI UNO.

Peeeerooo resulta que Anabel no tiene hijos, y él sí. ¿Y qué pasa? Pues que la culpa también es de ella, como siempre.

Oye, no sé cómo cojones hacemos las mujeres que la responsabilidad y LA CULPA siempre cae sobre nuestras tonificadas y cargadas espalditas.

Pues no le soltó el susodicho un “es que tú no eres madre”, aludiendo que como no había tenido descendencia pues cómo iba a compartir él la vida con semejante atrocidad: ¿CÓMO IBA A ENTENDER UNA MUJER SIN HIJOS -sin corazón podría haber añadido- LAS NECESIDADES DE SUS CHIQUILINES?

Mi cara era un poema, Anabel se meaba de la risa de verme el careto que se me había quedado y en ese bucle pudimos estar unos cinco, diez minutos o una vida entera.

Ella me decía, “pero a ver, esas criaturitas de Dios no tienen madre, entonces… ¿Qué coño pinto yo? Yo sería su pareja, sus hijos ya tienen una madre, que no soy yo, obviamente”.

Pero claro, me decía que se quedó tan pasmada con ese “TÚ NO ERES MADRE” que no le dijo nada de esto, sino que lo miró, miró la cerveza que tenía en la mesa y le dijo “Nos pedimos otra, ¿no?”

Carcajada suprema.

Yo creo que llegó hasta oídos del susodicho y sus pollos.

Para un día que tenía libre no se iba a ir para casa tan pronto, no te jode.

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