La máxima «tiene que haber gente pa tó» pude visualizarla hace unos días, en un conocido centro comercial de bandera color esperanza. Haciendo tiempo Paseando antes de entrar en el cine, llegamos hasta la ruidosa cafetería-restaurante-detodounpoco.

Allí noté cómo las tres mesas más cercanas a la vista tenían algo en común: NIÑOS.

En una de las mesas dos niños, de unos seis años, saboreando un «nutritivo» huevo de chocolate cuya marca voy a reservarme. En otra mesa, un niño de unos ocho años merendando un «sustancioso menú feliz» de una conocida franquicia de hamburguesas; en la última mesa, un bebé mirando absorto el móvil con dibujos animados, mientras su padre SE LO SUJETA para que no pierda detalle.

Todo esto lo curioseé prácticamente sin querer, en un momento, es algo innato en mí el observar, analizar e inventar historias.

Cuando giré la cara para comentar la escena, advertí que mi acompañante estaba igual de absorto que yo unos segundos antes. Sin embargo, él examinaba cómo estaba erigido ese espacio, cómo estaban colocados los numerosos y enormes cristales y de qué manera estaban instaladas las barandillas alrededor.

De esto me di cuenta enseguida, como observadora no se me podía escapar; también lo conozco bien y vi rápidamente en su mirada lo que su mente estaba estudiando.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que cada uno tenemos unos intereses, cosas que sin saber por qué, nos llaman. Es algo nuestro, forma parte de nuestra personalidad y nuestra alma. Somos como somos por muchas cosas, pero algunas las traemos de serie.

Y todos, absolutamente todos los seres humanos las tenemos. Hay veces que por circunstancias externas desaparecen para siempre, o se ausentan durante un tiempo para reaparecer, like a tsunami.

Pero si tenemos la suerte de que no nos abandonen, permanecerán ahí, esperando que las descubramos y las desarrollemos: están aguardando nuestro ESFUERZO y DEDICACIÓN.

Esencia, talento.

Aquello por lo que el tiempo no pasa, porque VUELA. Aquello que nos hace únicos porque no nos repetimos como cartones de leche en el supermercado. Aquello que nos hace soñar y que se nos presenta tan inalcanzable, tan difícil.

Cada músic@, cada escritor/a, arquitect@, coach, mecánic@, programador/a o profesor/a son irrepetibles, si es su talento lo que les guió. Mas para volar hay que arrojarse al vacío, pero -por suerte para nuestros cuerpecitos- es metafóricamente hablando.

No te estrellas, como mucho solo caerás, alegóricamente.

Y cuando uno tropieza, se levanta y continúa, tal cual, sin simbologías. Tú y tu talento están ilusionados, esperándote.

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