Me quedo contigo. Si tú me das a elegir. Entre la luna, la riqueza o mis ideas. Y si tengo que elegir me quedo contigo. Y yo me pregunto, ¿por qué tendría que elegir? ¿Debería sentirme perdida si te elijo? ¿Acaso no puedo ser contigo, acaso no puedo soñar a tu lado, mientras nos acompañamos en esto que es la vida?

rosalía

Ahora me doy cuenta de que muchas veces nos asignamos elecciones e incluso metas que realmente no existen. Nos imponemos objetivos que no son más que clichés sociales, obligaciones morales, que la mayoría de las veces no tienen mucho que ver con nosotros.

Pero ahí está la vida -la puta vida, la que te enseña, la que te desgarra, la que te hace mantenerte de pie aunque creas que estás sin aliento- para que la escuches. No lo dudes, te va a hablar, te habla, lo hace siempre, pero la mayoría de las veces estamos DEMASIADO OCUPADOS para escuchar lo que nos tiene que decir.

Y, creedme, no hay casi nada más importante que escuchar lo que te dicen tus tripas. Siéntelas, soporta sus aullidos. Seguramente nunca te propongan el camino más fácil, ni el más socialmente aceptado. Seguramente te dirán locuras, imposibles, sueños inalcanzables.

Siéntate, para, escúchalas y, utilizando tu raciocinio, encuentra la manera de llevar a cabo lo que a voz en grito te llevan diciendo un tiempo, una semanas, unos meses o incluso años. Nunca es tarde mientras se está vivo.

Mis manos están sobre el teclado, las miro y a veces no me reconozco en ellas. Pero en algún momento, cuando la transformación haya acabado, volveré a mirarlas y entonces diré:

Sí, esta sí soy yo.

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