Lo que el viento se llevó. Scarlett O’Hara. Escarlata.

Después de una vida acomodada seguida de una etapa de penurias y miseria, cuando ya por fin lo tenía todo para ser feliz, ella destrozaba su felicidad con ambas manos, como muy acertadamente le decía Rhett Butler.

Ella se había empeñado en que su felicidad no llegaría hasta alcanzar un objetivo muy concreto -en este caso el amor de Ashley Wilkes– y aunque ésta se le presentaba en las narices, ella se negaba a verla.

Incluso la despreciaba.

Sin darse cuenta se apresuraba a despedazarla. Hasta que la cruda realidad no le pegó en las narices no supo ver esa idealización que, a fuerza de empecinarse y no verse a sí misma, le costaría su propia felicidad.

Cuán importante es conocerse y mirarse por dentro, aunque duela.

Y reconocerte.

Y admitir que lo que ayer sí te valía, hoy no. Nos empeñamos en ser de determinada manera, porque así nos hemos conocido. Cuando nos salimos de ese redil autoimpuesto nos censuramos, nos apartamos como de una trampa que debiéramos sortear para mantenernos en nuestro sitio -inamovibles-, cuando en realidad no es más que nuestra propia evolución como personas.

Necesitamos tanto demostrar que somos libres que nos volvemos esclavos de nosotros mismos.

Nuestro yo ideal, el de siempre, inventa carencias que en realidad no existen o, llegado el momento, nos dan igual. Lo que hace diez años o una semana te parecía indispensable o impensable, hoy de pronto no lo es. Y no pasa nada.

Nuestro yo ideal, el de siempre, nos hace tomar decisiones de las cuales más tarde nos podemos arrepentir. Y ahí, queridos mías, es donde entra el aprendizaje para llegar al anhelado “Y NO PASA NADA”.

Mi percepción de mí y cómo soy realmente. Lo que creo que deseo -porque siempre lo he querido- y a lo que aspiro de verdad. Lo que me importa AHORA y no quiero dejar escapar aunque de esa manera contradiga todo lo que he pregonado y hecho hasta este mismo momento.

Eso lleva un aprendizaje. Y es jodido, para qué nos vamos a engañar.

Darnos cuenta de que cambiamos y que, aunque nuestra esencia está ahí, los vaivenes de la vida nos hacen ver un verde esperanza donde antes había un rojo chillón. Color hollín donde antes había un blanco resplandeciente. Lo que antes un gris marengo, ahora se torna gris perla. Superar el Síndrome Escarlata.

Luz donde antes oscuridad.

Jaraneo donde antes aburrimiento.

Hastío donde antes diversión.

Y no pasa nada. Porque te has mirado por dentro y ya no te da miedo: sabes que tus tripas se mueven.

Porque sabes lo que eres HOY. AHORA.

Mañana ya veremos.

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