Pues nada, que mi amiga Pepi, que es funcionaria en el Ayuntamiento, ma liao pa que la ayude a comprale un regalo a su jefe. Que le haga de «Personal Shopper» en Cádiz de grati, vamo.

Lan echao a suerte y, de tol Ayuntamiento, la tocao a ella, la joia: tiene una fló en er culo, pero chuchurría. Le dicho que eche el Euromillón o el Yappo ese cómo se llame, a vé si tiene la misma suerte y le toca.

Totá, que ella no sabe qué hacé y como conoce ca mí me encanta regalá e í de compra, po ma enganchao pa que le eche una mano. Vamo, pa que elija yo el regalito de los huevo, con lo bien que me cae su jefe; que no tengo ná personá en contra deé, pero como profesioná me toca los cojone con las do mano. Ea, ya lo dicho.

Resurta que sincorpora dentro de unos día de su baja paterná y claro, quieren tené un detallito pa pelotearlo y tenerlo contento.

Hemo ido a una tienda de juego y esas cosa, porque pinta de friki tiene. Pero creo que no es de ese tipo de friki.

Un monopoly de Juego de Tronos mola un montón, pero me da que me pega más a mí. Es lo que me pasa cuando compro pa alguien que no conocco mucho: la cabra tira ar monte. No me veo a este hombre comprando propiedade y alquilándola pa hacé negocio, mientras les pone un dragón en la retaguardia a los insorvente, cual soplete cojonero. Tampoco lo veo creando hospedaje en los lugare con mejore vista de Invernalia, con su chimenea instagrameable; en Desembarco del Rey, cerca der muelle, o en RocaDragón, a pie de playa y cobrando dos euro en er paseo que lleva a la fortaleza. Cuando, con dedos dudoso, le señalo a la Pepi er juego, ella me mira como la ca acaba de descubrí una arpaca en un garaje.

—Tía, déjate de cachondeo, que quiero acabá hoy, y como empiece con las pamplina, el regalo se lo vamos a dá, pero pa Reye, protesta la Pepi tras la mascarilla.

—Bueno, como acaba de sé padre quizá argo que tenga que vé con su nueva faceta —le aconsejo.

—Acaba de sé padre por cuarta vé, MariTrini, que no te entera de ná.

—Ah, ¡¡uuuhhh!, vale. Entonce no. Ojú, qué difíci, Pepi, tía. —¿Y un bolígrafo bonito pa firmá sus cosa?

De nuevo mirada de dragón de Komodo.

—Quilla, que no. Ca este hombre no le gusta na de eso. Si tiene montao er despacho en la cocina… Que digo yo que con er suerdo que gana se podría buscá argo más cómodo, pero qué va… Deja a los santos mártire a la artura der betún, er tío.

—Joé, po ya son gana, vamo. Bueno, ¿pero entonce a él que le gusta, hija mía?

—Le gusta protestá, dá charleta y montá en bici.

—Po o le comprar un megáfono, o un perro lanudo con una flauta travesera o vamo ar Decatlón, nena. Tú verá.

—Qué hijaputa ere, Lola -dice la Pepi con sorna, riéndose debajo la mascarilla.

Y allá que vamos, ar Decatlón. A comprá una bicicleta al personaje der jefe de mi amiga Pepi, la funcionaria del Ayuntamiento. Otra cosa no, pero pasearse se va a podé paseá por la ciudá a su vuerta de la baja.

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