Así se siente Carnaval y pandemia: Cola de caracola enroscá al corazón.

Permitidme que dude de la capacidad de vaticinio de uno de los mayores poetas de nuestro Carnaval, Antonio Martínez Ares -¡don Antonio!-, pero creo que no se podría definir mejor cómo nos sentimos los gaditanos -de nacimiento y adopción- amantes de nuestro modo de estar en estos momentos.

Carnaval y pandemia: Cola de caracola enroscá al corazón, una cobarde forma de presentar que estamos hechos polvo. Que los días pasan sin pena ni gloria. Que si pongo Carnaval me da pena, y si no escucho, me da más.

Es echar de menos el rojo sangre del telón; no de cualquiera, sino de uno con las enrevesadas letras GTF tatuadas a luz en su terciopelo. Se formó el tangai cuando, por unos días, pusieron las letras que dan nombre al Concurso. Duró poco. Dolía a la vista. Porque no es el COAC, ¿quién ha dicho alguna vez «viste anoche el COAC»? Nadie. «Viste anoche el Falla». Eso es lo que se dice. El Teatro. Porque solo puede ser ahí. El continente dando nombre al contenido. Un nombre propio poniendo en mayúsculas lo que sentimos; el escalofrío hecho cortina, las tablas enjaretadas de algodón.

Cola de caracola enroscá al corazón suena a algo que está ahí, dormido por imposición, cogiendo fuerza por responsabilidad, metido para dentro porque no queda otra. Retumba a pinchazo, a dolor, a cascarita clavada, que cuesta sudores quitarla sin llevarte un cacho.

Un año. Un año sin músicas y letras nuevas. Sin tipos y escenografías. Sin maquillajes, pelucas y sombreros. Un año sin purpurina ni papelillos. Un año sin pito. Juan, el amigo del Selu, debe estar descansando que da gusto en el sofá con la mantita. Un año sin esos días que te despiertas pensando «hoy canta…, a ver qué trae este año». Otro año sin emoción con los acordes del tango, sin 3×4, octavillitas ni parodias. Un año sin tema libre.

Que sí, que ya el año que viene… Lo que tú quieras, pero este año no cuenta. No puede contar. Si existe el destino, o lo que sea, nos tiene que dar un febrero más de gratificación, porque este, obviamente, no suma. Ya después, si eso, pues nos vamos a donde nos tengamos que ir, pero contentos y encaidenaos. Así quiero irme yo. Carnavaleá por los cuatro costaos.

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