No es más que ego. Lo que creemos que es la vida y lo que la forma. No es más que ego. Y cosas materiales. Nada importa, si no es vivir.

Qué más da si nadie lee esto. Qué importa si no se vende el libro que publique. No es que me sea indiferente el resultado: claro que me gustaría que fuera bien, pero en realidad escribo porque no puedo no hacerlo. Quizás no lo lea nadie ahora, pero sí lo haga alguien cuando yo haya muerto. Y entonces me dará igual, si es que me entero.

Lo importante es que lo hice.

Hagamos las cosas porque realmente queremos; estemos con las personas porque realmente deseamos su compañía. Es lo único que nos vamos a llevar. Ten por seguro que el coche, la casa, los billetes bajo el colchón o en el banco -si los hubiera-, el armario lleno de ropa y zapatos y las quince barras de labios roja no van a ir a ninguna parte. Se quedarán aquí, cuando ya no esté.

Nada importa.

Sin embargo, sí que me llevaré la primera vez que vi la peluda cabeza de mi hermano; la voz de mi madre despertándome de madrugada, porque mi padre estaba en un programa de radio; el primer escalofrío bajo el guante de lana, cuando mi amor me cogió la mano en La Caleta; la sonrisa de mi padre asomando la cara por la puerta de la cocina, cuando yo llegaba de fiesta por la mañana; las carreras por el pasillo jugando con mi gata. También pienso llevarme los te quiero, los dichos en voz alta y con el pensamiento, y cada uno de los abrazos dados y guardados, así como las tardes dominicales de juegos con mis primos.

También vendrán conmigo el sonido de las bandurrias, los domingos de coros en la Plaza y los cantes en la esquina de El Manteca. No voy a dejar aquí el feminismo aprendido y la partida de Trivial perdida a carcajadas. No pienso olvidarme los momentos teatrales, los «hola, perro» de mi adolescencia y los «chocococo» universitarios. Me llevaré todo lo que es más importante que yo misma.

Los malos momentos me hacen aprender, entrar en acción, moverme. Decidir. Como ahora. Que decido escribir esto porque -de nuevo- no puedo no hacerlo.

Espero tardar en morir porque, de momento, me encanta la vida, pero no está de más darle un repaso y agradecer lo vivido, aunque sea con pinceladas como estas. Como diría la canción «gracias a la vida que me ha dado tanto».

Y ustedes, ¿qué momentos os vais a llevar?

* Aunque este texto lo escribí ayer, cuando acabé la serie A dos metros bajo tierra, quiero dedicárselo a Rocío Hermida, bandurria del coro Nandi Migueles, que se ha ido hoy. Vuela alto.

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