Cuando no se abre una ventana porque una puerta se haya cerrado, porque no ha habido puerta. Ni hay ventana.
Cuando sugieren que no vendo más libros porque no me esfuerzo lo suficiente. Que no consigo lo que quiero porque tendría que hacer más.
Cuando llamo a puertas y no recibo ni siquiera un “no”, sino silencio, que es mucho peor porque me hace sentir invisible: simplemente no existo.
Cuando parte de la sociedad se comporta así y en mi cabeza, además, está plenamente asentada esa creencia. Se monta el cóctel perfecto para descarrilar: mi impostora irrumpe, deslenguada y ruidosa, golpeando el suelo como una niña maleducada que quiere hacerse oír, arrastrándome resignada al rincón del silencio. Callada. Vacía. Hueca.
Todo ese incómodo alboroto no hace otra cosa que dar de comer a esta creencia mía de “no soy suficiente, no hago suficiente, soy mediocre”. La sociedad está montada de manera que mide el éxito con likes, seguidores, visibilidad: si no entras en ese juego, parece que no existes. Y no se tienen en cuenta multitud de variables y circunstancias que no dependen, en este caso, de mí.
Pero la herida se abre y, cuando lo hace, se dilata en toda su profundidad, divisando el abismo a través de ella. Y, de esa herida, sale una voz calmada, susurrante y pegajosa, que me repite incesantemente que si no tengo éxito es porque no lo merezco.
Pero llega un día, un segundo, en el que todo lo aprendido comienza a dar frutos, y dejo de poner el foco en la herida, aunque siga abierta, aunque pueda respirar el infierno a través de ella. Llega un momento en que le retiro la mirada y ésta se va desplazando sin rumbo, hasta que se para delante de un folio en blanco, o una pantalla. Y escribo.
Sigo escribiendo cuando nadie me ve.
Porque forma parte de mí, no para ser vista. Porque cuando lo hago la herida, como esa neblina matutina cuando llega el mediodía, desaparece. Ya lo escribí hace mucho: “No hay nada más cuando me derramo sobre una página en blanco”.
Y, entonces, me doy cuenta de que a pesar de los silencios, de la ausencia de puertas y ventanas abiertas para mí, hay personas, individuales, de carne, hueso y alma, a las que sí he llegado. Que se han tomado la molestia de dedicar parte de su valioso tiempo para leerme e, incluso, para escribirme dándome las gracias, y para decirme que les ha encantado algo que salió de mí; me avisan que susurro, cuando perciben que mi voz es el de una soprano. Esas “pequeñas” validaciones son, en realidad, raíces profundas que sostienen lo grande que se aloja en mi interior.
Seguiré escribiendo, creando, grabando, leyendo, aunque la respuesta sea silencio. Aunque permanezca invisible porque, en el momento en que deje de ser transparente, apareceré justo donde tengo que estar. En mi lugar. En mi esencia.
Porque cuando nadie me ve, yo sí lo hago. Y ya no estoy dispuesta a estar dando tumbos con el único fin de ser vista, aunque sea de refilón. Ahora sé cuál es mi lugar, y no es un espacio donde recoger migajas. Si alguien quiere verme, podrá hacerlo. Sin esfuerzo, ni malabares extraños.
Yo estoy aquí, con mis vaivenes, mis olas emocionales, mi desequilibro innato, mi aire, mi espacio, mi forma de escribir y vivir la vida. En continuo crecimiento y expansión, pero desde mi raigambre. No voy a trasplantarme más. Me quedo en lo que soy. En mi yo. Y si nadie me ve, yo sí lo haré. Y me veré crecer, brotando, ahora sí, desde mi raíz.
| Si algo de todo lo que publico te resuena, puedes echar un vistazo a mi primera novela, Cuando todo se volvió acuarela aquí. Y en versión digital en el siguiente enlace: https://n9.cl/tx2qn También disponible en librerías. Suscríbete a mi Newsletter gratuita aquí. Todo lo que escribo está hecho para conectar, ayudar, equilibrar, aprender… Si he conseguido algo de esto, puedes hacer una aportación para apoyar mi trabajo en https://paypal.me/ioescritora?locale.x=es_ES o suscribirte mensualmente con 2€ o 5€ en https://patreon.com/ioescritora Gracias infinitas. |
Descubre más desde IoEscritora
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Deja un comentario