Todo lo que rodea a la música es emoción.
Por eso, cuando vamos a un concierto parece el Día de Reyes: disfrutamos como niños, porque nunca dejamos de serlo.
Las niñas y niños que parece hace tanto que nos abandonaron, resulta que siguen dentro de nuestros cuerpos, vivitos y coleando. Sólo están apagados, mustios por las obligaciones, el malestar, los dolores de todo tipo, las preocupaciones.
Sin embargo, cuando entramos en ese mágico espacio donde se desarrollará el espectáculo, la mirada cambia. Hay ilusión y sonrisas. Incluso nervios, si el artista en cuestión es alguien a quien admiramos mucho, o porque no nos acordamos de la última vez que lo pasamos bien. O ambas.
El otro día, hablando de esto sacando las entradas para un concierto, argumenté: “No hay dinero mejor gastado. Después lo echamos en tonterías, pero esto queda, esto te lo llevas para siempre”. “Y lo que se disfruta no está pagado”, me contestó mi interlocutora, la chica que me estaba atendiendo en la copistería. Yo, asentí, contenta.
Está claro que no soy la única que piensa esto. Los conciertos y festivales crecen como setas cada verano, hasta en los rincones más recónditos. Me acuerdo de un día, en pleno confinamiento por el Covid, que pusimos en YouTube un concierto multitudinario de Mecano. Y recuerdo echarme a llorar y decir: “¿En algún momento podremos volver a estar así?”. Entonces, se me antojaba imposible. De ahí mis lágrimas.
Se ve que este sentimiento fue bastante común, o eso es lo que a mí me parece. Siempre hemos disfrutado de los conciertos, algunos más que otros, pero ahora me da la sensación de que nos va un poco la vida en ello.
Parece que la música, junto al espectáculo de luces y todo lo que conlleva un concierto, funciona como válvula de escape. De las pantallas (aunque a algunos ni esto les vale para soltarla). De esa vida que no elegimos de manera consciente. De decisiones equivocadas, y que ahora no sabemos cómo atajar desde la otra orilla, atrapados.
Sin embargo, a diferencia de otras sustancias o experiencias, la música no tiene prospecto con efectos secundarios. Lo que sí se puede resentir es tu cartera, si te da la pájara de querer ir a todo como si no hubiera un mañana.
Pero la música, como decía, no tiene dobleces, no te arregla una cosa y te estropea otra, no tapa vacíos con toxinas. Es dopamina natural. Sí, también puede funcionar para aislarte del mundo exterior porque no te guste la vida tal como está, pero nunca te dañará.
Por supuesto, estoy hablando de música, no de entes balbuceantes que sólo ellos mismos saben lo que dicen (o ni eso) y, cuando se les entiende algo, está relacionado con meter o sacar una parte concreta de la anatomía humana de manera burda y soez.
Se puede cantar al sexo o al erotismo perfectamente. Ahí estuvieron, y están, Amistades peligrosas, por poner un ejemplo noventero. Y tantos otros que, dentro de los gustos y estilos de cada uno, puede ser música divertida y pachanguera para bailar, escuchar mientras caminas por la calle inmersa en tu propio videoclip, o echar un buen rato.
Pero como en todo, hay límites. Y, cuando lo que suena falta al respeto de la misma palabra y definición de música, ahí hemos tocado en hueso. No. No es un genio porque “hace algo diferente”. En hueso porque pasará a la posteridad definido como bazofia, como mínimo. Y como reflejo de una sociedad enferma y putrílaga.
Sí, puede que salga en los libros de Historia, pero como muestra de lo que no. Como muestra de cómo pueden degenerar las cabezas humanas, antaño pensantes, para pagar por ver y escuchar semejante basura. Sí, cada uno se gasta su dinero dónde y cómo quiere. Pero comprobar que se hace en esto es una muestra, como hay otras tantas, de involución.
Mientras, mi esperanza en el ser humano (cada vez más maltrecha), se agarra como a un clavo ardiendo a la espiritualidad. A la música. A bailar. A reflexionar. A todo aquello que, en algún momento, nos hizo humanos.
| Si algo de todo lo que publico te resuena, puedes echar un vistazo a mi primera novela, Cuando todo se volvió acuarela aquí. Y en versión digital en el siguiente enlace: https://n9.cl/tx2qn También disponible en librerías. Suscríbete a mi Newsletter gratuita aquí. Todo lo que escribo está hecho para conectar, ayudar, equilibrar, aprender… Si he conseguido algo de esto, puedes hacer una aportación para apoyar mi trabajo en https://paypal.me/ioescritora?locale.x=es_ES o suscribirte mensualmente con 2€ o 5€ en https://patreon.com/ioescritora Gracias infinitas. |
Descubre más desde IoEscritora
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Deja un comentario