Hola,

a veces me sentía, y me siento, como una impostora.

No por el síndrome de la impostora, que también pulula por ahí, sino por pregonar una cosa y, a veces, hacer otra. Vamos, por sentir y hacer como un ser humano.

Me explico.

Me tengo por una persona espiritual. Llevo mucho tiempo aprendiendo, me llevará toda la vida y jamás terminaré. Esto, curiosamente, me llena de satisfacción, porque me da la certeza de que el aburrimiento aparecerá pocas veces.

Siempre tendré la oportunidad de evolucionar un poquito más. Y eso es algo que siento muy mío, que es muy yo.

Peeeeeerooo, y aquí entra mi contradicción, en ocasiones, me enfado. Y me enfado mucho. Algo o alguien me molesta, y me llevan los demonios.

Y, entonces, como contaba, me sentía (y, todavía en ocasiones, me siento) una impostora. Me decía a mí misma: «Mira la espiritual unicornia, hecha un basilisco. Vaya espiritualidad de pacotilla».

Sí, hablarse así tampoco es muy espiritual. Ahora lo sé.

Hasta que un día, gracias a un video de «El Sendero» donde aparece Magaly, me di cuenta que eso que me ocurría, enfadarme, era lo más normal del mundo. Que ser espiritual no es no enfadarse nunca, ni estar rodeada de nubes rosas y esponjosas todo el rato.

Ser espiritual, entre otras muchas cosas, es aceptarnos como humanos. Con nuestras contradicciones, nuestros defectos, y nuestros cabreos, aunque a veces puedan parecer absurdos. O no.

Me di cuenta que lo importante es que, al enfadarme, primero tenía que ser consciente de mi enfado, y por qué me sucede.

Qué se ha movido dentro de mí para que la leona blanca se ponga furiosa, y tenga ganas de arrancar cabezas. Quizás se haya tocado una herida. O un valor importante para mí. Los enfados no son porque sí: están mostrando algo.

Y es que la reflexión sobre la vida, sobre lo que nos sucede viviendo, es lo que permite la evolución y, consecuentemente, nos acerca a la espiritualidad, que no viene dada desde fuera. Todos la tenemos ya, en nuestro interior, acurrucada y tapada por multitud de capas.

¿Y tú? ¿También tienes estas contradicciones tan humanas?
¿Por qué cosas te enfadas? Te leo.

Con cariño,
Isa

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