«Llega diciembre y, con él, ese extraño cóctel de luces, ruido, nostalgia y compromisos que a veces se sienten más obligación que celebración».

Hola,

te gusten o no las fiestas navideñas, hay algo en lo que una mayoría coincide: la pesadilla de reunirse con personas con las que no apetece compartir mesa ni tiempo.

En este sentido, la Navidad (que abarcaría desde la Nochebuena hasta el día de Reyes) se ha transformado en una secuencia de momentos indeseables, tristes, que dan pereza e, incluso, nos llegan a enfermar.

Lo que me pregunto es: ¿De verdad es tan necesario acudir a esa reunión?

Si la respuesta es no, la acción es clara: no vayas.

Si es sí, entonces hay matices: quizás no te apetece compartir con alguna o algunas de las personas con las que te vas a encontrar, pero te merece la pena hacer el esfuerzo por otras, además de por ti misma.

Sin embargo, si decidimos acudir, hay que tener claros una serie de límites. Por ejemplo, el tiempo que vamos a estar: una reunión infinita, que no sabes cuándo llegará a su fin, y donde no te sientas cómoda, te puede robar muchísima energía. Y dejarte hecha un trapo para días posteriores.

Una técnica que aprendí hace unos cuantos años es: “Yo no me llamo Roberto” (o el nombre que quieras, eso da igual). Cuando alguien lanza un comentario hiriente o malicioso, piensa que ese mensaje va para “Roberto”, no para a ti. ¿Tú te llamas Roberto? Entonces no va contigo. Es una forma adulta del “bota y rebota y en tu…”.

No luches por no sentir nada, eso no sucede mágicamente, pero recuerda: esa persona que te incomoda pronto no estará ahí.

Si la taquicardia hace que el corazón te asome por la boca saludando a los comensales, recomiendo visitas al baño, todas las que necesites, para respirar e intentar volver a tu centro sin retorcer ningún pescuezo.

Si tus emociones en estas fechas tienen más que ver, o están mezcladas con la tristeza y la nostalgia, no te asustes. Es completamente normal. Anuncios de turrones y demás delicias navideñas están plagados de este tipo de emociones para que creas que, comiéndote un mazapán de su marca, o tomándote una copa de su licor, todo volverá a ser como antes (o como nunca fue). Pero no estás solo/a: hay muchísima gente sintiendo lo mismo.

Si, a pesar de la tristeza, te sirve adornar tu casa, comprarte un jersey con un reno al que se le ilumina la nariz o cantar villancicos, hazlo. Hacer eso no quita que después te tumbes en el sofá a llorar un poco (o un mucho). Es completamente normal. Si lo hace más llevadero para ti, hazlo. Abraza lo que te hace bien.

Permite que las emociones estén: no tienes la obligación de ser feliz en ninguna época del año. En Navidades tampoco. Y pasarán.

Cuando te des cuenta será siete de enero, ya no habrá ni un anuncio de perfumes, ni de “mesas familiares” repletas de alegres actores, interpretando esa Navidad en la que no todos encajamos. Y no tenemos por qué hacerlo.

Disfruta lo que puedas.
Llora, ríe, no hagas nada.
Tómate las uvas o recibe el año durmiendo.
No pasa nada.

No eres mejor ni peor persona
por disfrutar o detestar la Navidad,
o alguna parte de ella.

Respeto y amor.
Eso es lo que yo quiero
durante todo el año. ¿Y tú?

Con cariño,
Isa

¿Sabes de alguien que disfrutaría leyendo estas cartas? Reenvíasela 😉

Si algo de todo lo que publico te resuena, puedes echar un vistazo a mi primera novela, Cuando todo se volvió acuarela aquí.
Y en versión digital en el siguiente enlace: https://n9.cl/tx2qn
También disponible en librerías.

Todo lo que escribo está hecho para conectar, ayudar, equilibrar, aprender… Si he conseguido algo de esto, puedes hacer una aportación para apoyar mi trabajo en https://paypal.me/ioescritora?locale.x=es_ES o suscribirte mensualmente con 2€ o 5€ en https://patreon.com/ioescritora
Gracias infinitas.


Descubre más desde IoEscritora

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario