¿En qué momento nos creíamos inmortales? ¿Cuándo nos empezaron a hacer creer que se mueren los demás pero nosotros no? Acaso vamos por la vida como si fuera infinita. Como si nos fuera a dar tiempo de ir a todos los lugares que deseamos, leer todos los libros que nos gustaría, disfrutar todas las series que nos dicen que veamos.
Vivimos en una sociedad enferma de incosnciencia, incapaz de verse y de mirar al otro. Pero de verdad. No en redes sociales. Aunque a veces ahí también se mira de verdad. En ese momento en el que la muerte se nos esconde tras la vejez, que parece que nunca llegará, pero lo hace. Con suerte. Carecemos de perspectiva alguna, es algo lejano, que le ocurre a otros, no a mí. Y claro, cuando pasa, porque pasa, somos incapaces de gestionar algo que, hasta ese momento, no existía. Como me va a pasar esto a mí. Si la muerte es invisible, solo ocurre en las pantallas. Y a los demás. Nunca a mí. Nadie nos explica que forma parte de la vida, que sin una no se da la otra. Nadie nos los dice. Solo se oculta para evitar un sufrimiento que paradójicamente generará uno mayor. Y cuando la vemos venir llegan los dolores en el pecho, los ataques de pánico, el insomio, la depresión. Porque no contábamos con ella, cuando la deberíamos de tener bien cerca, no por enemiga, sino porque es inherente al ser vivo que somos.
La enfermedad de este siglo no es el Covid. Es la ignorancia. No la intelectual o letrada, sino la que nos han ido inouclando haciéndolo todo tan fácil. Nos han cambiado los alimentos por (ultra)procesados que nos hacen enfermar; hemos cambiado el momento presente por lo que hubiéramos hecho o por lo que haremos, como si eso fuese una certeza suprema e inamovible.
¿Por qué interesa tanto mantenerla lejos? Porque interesa que nos dé miedo. Y nos lo da, por eso ni queremos oir su nombre. ¿Por qué? Porque no hay nada tan liberador que aceptar nuestra finitud, que estamos aquí de paso y que mira, para lo que voy a estar, paso de perder el tiempo en tonterías y voy a intentar estar lo mejor posible sin fastidiar a nadie. Aceptar tu muerte es libertad.
(*El video es de hace seis años. El texto, de hace tres).
| Puedes comprar mi primera novela, Cuando todo se volvió acuarela aquí. Y en versión digital en el siguiente enlace: https://n9.cl/tx2qn También disponible en librerías. Suscríbete a mi Newsletter aquí. Si te apetece, puedes realizar una microdonación para apoyar mi trabajo en https://paypal.me/ioescritora?locale.x=es_ES o realizando una suscripción mensual de 2€ o 5€ en https://patreon.com/ioescritora Gracias infinitas. |
Descubre más desde IoEscritora
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Totalmente de acuerdo contigo. El otro día llegaron a mi puerta unos tesigos de Jeová y yo le hablé así de lisa y llanamente y se fueron decepcionados.
Me gustaLe gusta a 1 persona