«Es imposible escapar del universo que nos hospeda». Me impactó esta frase por la verdad que habita en ella. Es del último libro de la física teórica y neurocientífica Nazareth Castellanos, El puente donde habitan las mariposas.

Una joya científica y espiritual que recomiendo a todo el mundo.

Entiendo que el universo que nos hospeda es, a la vez, dos y uno. El que todos reconocemos: este planeta Tierra, orbitando alrededor del Sol, perdido en un cosmos aparentemente infinito. Y el otro: nosotros mismos. Cada uno de nuestros cuerpos, continentes de esencia. Conectados, nos guste o no, al resto.

Recuerdo al doctor Sans Segarra, investigador y cirujano digestivo, decir que somos un microuniverso dentro de un universo. La ciencia lo respalda: el cuerpo y, sobre todo el cerebro, comparte patrones de funcionamiento y de estructura con el propio cosmos. No son equivalencias exactas, pero sí semejanzas sospechosas, y que fascinan tanto a científicos como a filósofos. Y yo sé que las casualidades no existen.

Así que, como ya intuía, parece que cada uno de nosotros somos un cosmos diminuto, conectados a su vez entre nosotros, y al «cosmos mayor». Imposible, por tanto, huir de mí. Aunque corra, me adormezca, incluso me intoxique. Siempre estoy aquí para mí, aunque sea de malas maneras. Aunque no quiera.

Sin embargo, de quien verdaderamente estoy huyendo es del ego: ese personaje que todos hemos creado de manera inconsciente para sobrevivir y que, con el tiempo, no nos gusta. Nos agota, porque nos aleja de lo que realmente somos. Pero seguimos en modo supervivencia. A no ser que comencemos a intentar ser conscientes. Empezar a arraigarnos en el momento presente. Mirar hacia dentro y ver que somos raíz de nosotros mismos.

Jamás intentaríamos escapar de nuestra esencia; simplemente proponer la idea es absurdo. Sin embargo, el desconocimiento de la existencia de ese yo real, que confundimos con el personaje, nos hace creer que queremos huir. Y, a veces, en la desesperación, llegamos a pensar que podemos. El final de esa huida del dolor es oscuro. Y, su versión más devastadora, es el suicidio.

Se cree que la persona que se suicida lo hace porque no quiere vivir más, y no es así. Lo que no puede soportar es el dolor. Un dolor que percibe como infinito, para que el que no ve salida ni remedio, y cuya única manera de que desaparezca es haciéndolo con él. El suicidio es puro ego. Es la muerte de ese yo construido, que lastima y hace sufrir. La esencia de la persona ni siquiera contempla esta posibilidad, porque no muere nunca. El que desaparece es el ego.

Por lo tanto, si cada uno de nosotros, microuniversos dentro del universo, fuésemos capaces de parar, respirar y mirarnos dentro, todo cambiaría. Respirar de verdad. Sintiendo cómo entra y sale el aire de nuestros pulmones durante unos minutos. Esto es algo que no conviene a «esos grandes poderes», que parecen no tener cara. Pero que no son más que otro microuniverso, como tú y como yo.

Es mucho más rentable tenernos corriendo detrás de una zanahoria que nunca alcanzaremos. O que, en muchos casos, ni existe. Pero nos han convencido tan bien de que, si paramos, la zanahoria desaparecerá o se la llevará otro que… ¿Cómo vamos a parar? Spoiler: la zanahoria no está fuera, es una alucinación. Un holograma. Aire. Lo que llevamos cada uno de nosotros dentro es luz. Pero, para captarla, hay que parar.

Y preguntarnos si realmente queremos pasarnos toda la vida así. Hasta que un día, este cuerpo que nos ha sido prestado para VIVIR, se agote y muera. Porque una cosa es segura: lo hará.

Y, esa pequeña luz que nos habita, volverá a ese gran universo con las experiencias que le hayamos regalado durante nuestra vida aquí.

Y, me temo, que muchos volverán sin nada. Sin ni siquiera una zanahoria.

Si algo de todo lo que publico te resuena, puedes echar un vistazo a mi primera novela, Cuando todo se volvió acuarela aquí.
Y en versión digital en el siguiente enlace: https://n9.cl/tx2qn
También disponible en librerías.

Suscríbete a mi Newsletter gratuita aquí.

Todo lo que escribo está hecho para conectar, ayudar, equilibrar, aprender… Si he conseguido algo de esto, puedes hacer una aportación para apoyar mi trabajo en https://paypal.me/ioescritora?locale.x=es_ES o suscribirte mensualmente con 2€ o 5€ en https://patreon.com/ioescritora
Gracias infinitas.

Descubre más desde IoEscritora

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

2 comentarios

  1. Yo también estoy un poco harta de mi ego! Nunca hasta ahora me había pasado, pero daría algo por transformarme en otro ser una temporada y alejarme de mí misma, un descanso de mí me vendría bien, aunque fuera dentro del mismo universo…
    Un saludo

    Me gusta

Deja un comentario