Hola,
sé que diciendo esto puede que me tire piedras sobre mi propio tejado, pero prefiero ver el cielo.
Mascullar no es cantar. Y no entiendo por qué quieren venderme eso como una revolución artística.
Sí, es una opinión, la mía. El neuromarketing no ha surtido efecto sobre mí. No al menos en esto. El que esté libre de pecados que tire la primera piedra. Pero en esto, no.
Casita quiero estar en la mía, tranquilamente, y sin dar arcadas. Si me regalaran una entrada, la revendería.
No entiendo qué hay de nuevo. Veo exactamente el mismo escaparate de siempre. Me están vendiendo revolución, y yo lo que veo es repetición. Año 2026. ¿Hola?
La industria necesita que estemos distraídos e inseguros para que el consumo continúe disparado. Nos están vendiendo placer, disfrazado de felicidad. Y no, no es lo mismo.
El placer siempre necesita más. La felicidad, la de verdad, es plenitud: sensación de estar completo, y que no hace falta nada más.
Creo que está clara la diferencia, y qué es lo que nos están metiendo por los ojos.
La música es un entretenimiento pero, en muchas ocasiones, ha sido también referente, una llamada de atención, un grito desesperado para despertar conciencias. Y de eso, aquí, no hay nada. Más bien todo lo contrario.
Y mientras, con un marketing agresivísimo, intentan convencernos de que sus balbuceos son identidad, y sus obscenidades, libertad.
Y yo no me lo trago. No me da la gana. Porque para mí el arte despierta, no adormece. Va hacia el interior buscando tu esencia, no intenta borrarte.
Porque las palabras son importantes. Lo que se dice y cómo se dice es importante. Que no te engañen. Ahí es donde empieza todo.
Así que yo me quedo con Bugs Bunny y su «Esto es to… Esto es to… Esto es todo, amigos». Tartamudeaba, sí, pero se le entendía.
¿Y tú? ¿Qué piensas de todo esto? Te leo.
Con cariño,
Isa
Descubre más desde IoEscritora
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Deja un comentario