El otro día, leyendo a Stanislavski, pensé en qué parecido era el construir a un personaje desde la nada y construirse a uno mismo. Sí, se supone que uno ya tiene su personalidad, con sus miserias y sus virtudes, pero realmente nos vamos construyendo día a día. Puede que no seamos la misma persona hoy que hace dos días, ni seremos la misma dentro de una semana. En tan corto espacio de tiempo pueden pasar tantas cosas, que nada garantiza que nuestro yo de hoy permanezca más que en el tiempo presente. Ahora.

Y cuando algo nos hace caer, caer de verdad… ¿Al empezar de cero no es como construirse de nuevo a uno mismo? Creo que incluso es más sencillo con el personaje, porque éste no tiene nada que tirar, nada que vaciar: sólo crear, CREAR DE LA NADA.

A veces me pasa que, sin pensar en ello, caigo en una frase de Blanche, algo hace click y todo encaja; es como un engranaje que ya estaba puesto, pero no ensamblado del todo.

Otras, tengo sensaciones que, rápidamente, sin saber muy bien por qué, traslado a un momento concreto de mi personaje: «¡Esto es, esto es lo que siente Blanche en tal momento de la obra!». Y sale el texto solo, y ya no soy yo.

Soy Blanche, perdida, desahuciada de la vida, con una última oportunidad que se me antoja ilusionante, a la vez que aterradora. Yo, Blanche, tejiendo mi tela de araña, esperando mi oportunidad. La oportunidad que me saque de una vida que no he elegido y que detesto. Un mundo donde sólo hay realidad, y no magia.

Entonces, de pronto, parpadeo y soy consciente de que vuelvo a ser yo, en cualquier lugar.

Blanche se ha ido, pero ha dejado en mí el poso que necesito para buscarla.

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