Érase una vez un país multicolor, con una reina bajo el sol.

Dos. Reinas. Bajo el sol. Y fueron famosas en el lugar por su hipocresía y falsedad.

Que digo yo que vale que se te vaya la pinza, aunque siendo queen esas idas y venidas tendrían que estar más controladas, aunque fuera médicamente (véase lobotomía).

Pero ya lo de después… Ese open car door, esa SONRISA FORZADA sobre corazones rimbombantes a punto de explotar… Vale que os creáis eso de el pueblo llano, vale que idiotas haberlos haylos, pero… Que no, que no cuela.

Que digo yo que esto de las reinas, infantes, los reyes, las pretensiones al trono por los más tontos del reino… Entiéndase lo de tonto por un tiro en pie propio (es que si no, je ne comprend pas), tendrá que ver con el orden de entrada al baño y el consiguiente uso de la poltrona.

Que no entiendo yo tanta pataleta, con lo grandes que son los palacios y la de toilettes que deben albergar. Qué delicadeza lo de ponerlo en francés para que la dinastía de origen franchute se sienta más cómoda. Es que hoy me siento detallista.

Que digo yo que eso de pertenecer a la realeza, con tantos lujos y prerrogativas a los que el resto del pueblo llano no alcanzamos ni a oler, pues tiene su enjundia.

Por lo tanto, no pueden comportarse como el resto de la plebe. Ni adoptar los mínimos privilegios de ésta: cásate y no mires con quién o encararte con miembros de un partido político.

Todo para el pueblo, pero sin el pueblo… Creo recordar que esto último acabó bastante mal…

Porque lo de ir a votar cada cuatro años para que después hagan lo que les salga del nardo mientras ellos miran, pues tú me dirás qué es. Despotismo ilustrado 3.0. Perdón por lo de ilustrado. Portan corona, pero ni pinchan ni cortan. Ji, aro, aro.

Quizás Isabel y Fernando tenían más claras sus obligaciones como cabezas reales, acaso porque su trabajo les costó llegar hasta donde llegaron.

En cualquier caso, como ciudadana -que no vasalla ni súbdita- RECLAMO no pasar vergüenza ajena.

Ya que los cuartos se los van a llevar crudos y calientes unos -reales- u otros -fantasmas-, qué menos que el Estado esté bien representado, sin refriegas soeces ni reclamaciones absurdas (no por la reclamación en sí, sino por la insensatez del que demanda).

No estaría de más un final feliz.

De cuento.

Un Colorín colorado, este cuento se ha acabado. Pero me da a mí que va a ser más un Por aquí te han dado, este cuento te he colado.

Que no, QUE NO CUELA, pero ellos creen que sí. Como lo de abrirle la puerta a la emérita.

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