Cuando el corazón no funciona como debe, cuando se estropea o llega al límite, todo comienza a suceder muy despacio, como a cámara lenta, incluso dejamos de ser conscientes de muchas cosas de nuestro alrededor.

Cuando eso ocurre está fallando el centro de todo y hay que ponerle remedio. Aunque a veces no es el corazón lo que está enfermo, sino nuestra psique la que lo hace parecer débil y sin fuerzas, es nuestra mente la que lo hace prisionero.

Sea lo que sea hay que actuar y pronto.

La recuperación es lenta, pero progresiva y se produce un gran cambio en nosotros desde el primer momento en que enmendamos los errores que nos hacían enfermar. El tiempo pasa y todo vuelve a su cauce. Poco a poco.

Nos volvemos a encontrar.

De repente, un día me doy cuenta de que los latidos de mi corazón suenan como tus pasos y me cuesta diferenciar entre uno y otro. De nuevo somos nosotros. Cuánto había echado de menos serlo.

Entonces sé que si me das la vuelta a los bolsillos yo no tengo nada, pero tengo tu mirada¹. Y sé que, a veces, aunque es de noche nuestra claridad nunca será oscurecida². Ya no. Todo pasa. El tiempo. Nosotros. Tú, yo y el resto del mundo.

Todo continúa, falte quién falte; venga quién venga. Porque el show debe continuar³ y todos tenemos el papel protagonista en nuestro espectáculo.

¿Cuándo será el debut?

¿Y si nos queda solo la última escena por montar para acabar nuestra obra?

Nadie nos dará una fecha concreta de estreno, es mejor por tanto aprovechar bien los ensayos y no dejar nada en el tintero. En esta obra lo de menos es la representación, sino el camino recorrido: la función no es más que el reflejo de todo lo aprendido y lo sufrido, lo disfrutado, lo amado y lo odiado.

Lo demás… Lo demás no es sino la escenografía, complementos que no pasan de ser personajes secundarios a los que no debemos dar más importancia de la que tienen. Si cometemos el error de darles mayor protagonismo nuestro corazón comenzará de nuevo a distanciarse. Primero levemente, hasta llevarnos cada vez más lejos de escena.

No pasa nada por salir alguna vez del escenario, pero nunca debemos perderlo de vista. Hay que estar bien enraizado en las tablas y esto se consigue apreciando lo que tenemos y sentimos en él.

Mi corazón ya lo sabe. ¿Y el vuestro?

¹ Yo no tengo nada, Alejandro Sanz.

²  Aunque es de noche, Rosalía, Enrique Morente (Qué bien sé yo la fonte, San Juan de la Cruz).

³ The show must go on, Queen.

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