Nunca. Jamás hubiera pensado en pasar el Día del Padre así: encerrada, confinada, en cuarentena.

Había imaginado muchas cosas, pero esta escapaba a mi febril imaginación. Y me sienta bien, no sé. ¿Es egoísmo? No, creo que no. Es como “hay algo más importante que nos ocupa a todos” y se hace más pequeño. El día claro. La FALTA está ahí; gigante a veces, acurrucada otras.

Parece que nadie se acuerda de que mañana es el Día del Padre, solo yo. Antes de la pandemia ya había mensajes, anuncios, pero han quedado en el olvido o relegados por esta locura que remueve nuestros cimientos.

Siento alivio, sinceramente. Será un día más de confinamiento, sin nada especial que hacer o no hacer. Echar de menos como cualquier otro día, sin machaqueos constantes e innecesarios. Es como en Navidad: parece que nadie piensa en las personas que han perdido un pilar de su vida, no se dan cuenta. Yo tampoco me daba cuenta. Sí, lo piensas, pero no está dentro de ti. No sabes cómo es hasta que te ocurre.

En estos días de cuarentena -quincenal, de momento- todos hemos sacado lo que llevábamos dentro. En un pis-pas, todo fuera. He divisado a la perfección cómo el interior de las personas pasaba a estar en el exterior.

Da miedo, pero reconforta.

Mi miseria es sentir consuelo porque no habrá mil recordatorios de que este año no le podré regalar a mi padre un merengue.

También me anima ver que gente a la que admiro -Sol Aguirre, Alejandro Sanz, Máximo Huerta, Laura de Amapolas Librería o Javier Ruibal, entre otros muchos- han hecho justo lo que esperaba de ellos. Me hubiera decepcionado -y cabreado- muchísimo verles colgar alguna fotito en las costas españolas, señal inequívoca de irresponsabilidad y cobardía. Pero no, se han quedado en sus respectivas “madrigueñas”.

Quizás parezca una simpleza, pero estas cosas solo me hacen reafirmarme que estoy en mi camino, que no ando dando bandazos, sino que mis pies -y mi corazón- están posados en algo firme y mullidito a la vez. Algo va a salir de aquí. Algo bueno. Lo sé, lo estoy rumiando.

Mi gente sigue ahí, y yo para ellos. Más que nunca. Se confirma alguna baja que veía venir desde hace algún tiempo. Nada doloroso porque, después de según qué cosas, haces callo y ya solo te importa lo importante. Lo de verdad. Lo demás… Pues eso.

Que vamos a salir fortalecidos de esta. Que cuando todo pase, porque pasará (como el título de la gran Busquets Esto también pasará; leédlo por favor) todos los que puedan/podamos (no sé en qué grupo estaré) irán/iremos de vacaciones a destinos españoles, para dejar nuestro dinerito aquí, por ejemplo. Tenemos un país tan increíble que no será ningún esfuerzo.

De esto van a salir mil ideas, mil formas de re-entender la vida. Porque ya que ha pasado, aprovechemos que ha pasado. Es el mejor momento para “hacernos siendo”, aunque sea confinada en mi azotea.

Porque hemos parado y, a partir de ahora, el camino está por andar.

*Imagen de aetcadiz.com

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