He de reconocer una cosa: nunca leí a Stanilavski.

Sí, piensas bien: Vaya actriz de mierda novata estás hecha. Utilizo mucho su método (por suerte para mí lo conozco), pero ya iba siendo hora de leerlo.

Y todo ha venido por un amigo de mi hermano, ambos ahora mismo en Bangkok, que al saber de mi vena artística le recomendó al que lleva mi sangre que leyera al maestro. Y entonces me dije «Pues debería. De hecho ya estoy tardando. Mucho, muchísimo».

La primera vez que oí hablar del famoso «método Stanislavski» fue en el grupo de teatro del Instituto. Me explicaron en qué consistía, lo aplicamos alguna tarde para conseguir entrar en el personaje (en este caso Pamina, la protagonista de La flauta mágica de Mozart, adaptada a obra teatral) y me quedé con el cante.

Ahora, por ejemplo, con el papel de Blanche en Un tranvía llamado Deseo encuentro muchas algunas situaciones y emociones en mi vida diaria que me sirven para el personaje.

A veces pienso que tengo un punto de su locura, con ese vaivén de emociones y todas esas inquietudes provocadas simplemente por el hecho de querer permanecer en su mundo siendo feliz; llena de contradicciones, con ese pánico al paso del tiempo y esa búsqueda irracional de la hermosura y la calma en lugares insospechados en los que, desgraciadamente, encontrará todo lo contrario.

Es Blanche un personaje tan lleno de matices que cuanto más la interpreto, más la comprendo y más fácil y rápido me resulta llegar a ella: es raro, porque cuanto más se complica más sencillo y atrayente me resulta.

Pero bueno, seréis vosotros (los que vengáis a ver la obra) los que finalmente debáis juzgar si realmente encontré la esencia de Blanche y si supe transmitirla como este gran personaje merece.

Ya falta menos 😉

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