A veces me pregunto por qué soy como soy. Y quizás la pregunta esté mal formulada. A día de hoy creo que sería más correcto preguntar «¿Por quién soy como soy?»

A lo largo de nuestra vida, algunas personas nos marcan, nos enseñan. Unas se quedan y otras se van; otras nos marchamos nosotros.

Nuestra esencia es la que es, aunque a veces intentemos esconderla, borrarla; más tarde o más temprano reaparecerá. O como se dice vulgarmente «la cabra tira al monte».

La persona que se ha graduado hoy es la que me enseñó, quizás hasta sin querer, A SOÑAR. A soñar en un rincón de poesías de Alberti, escritas con mis acuarelas de colores. A ESCUCHAR a Paco Ibáñez cantar «Era un niño que soñaba»; o a Joan Manuel Serrat «Caminante no hay camino».

A SEGUIR APRENDIENDO, a renovarse, a no dejar de preocuparse por las cosas. Por las importantes. A LEER. Encontrarme en los pies de mi cama «El libro gordo de Petete«, donde podía ver palabras escritas en múltiples idiomas.

A contarme «el cuento de la buena pipa», A REIR. A despertar de madrugada para oír su voz en la radio. A manejar el ordenador mejor que yo.

Todas estas cosas me las enseñó la persona que se ha graduado hoy. Y alguna más que seguro se me queda en el tintero.

Dedicado a ti, papá. El Graduado 😉

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