Es una obviedad, pero… Qué bien se está cuando se está bien.

Cuando lo que haces se corresponde con lo que quieres hacer, cuando te rodeas de los que quieres rodearte, cuando eres lo que eres y lo que quieres ser.

Qué puto bien sienta…

Hacer limpieza en todo lo que se puede hacer limpieza (espiritual, del montón de mierdas que tienes por todas partes, emocional, de las redes sociales…)

Y lo bien que te quedas después, porque todo está ordenado como tú quieres que esté. Es como si el interior de tu cabeza de pronto saliera al exterior y, ¡OH, MARAVILLA!, todo está en su sitio. Pasa revista y no hay nada que la haga volverse. Nada que la perturbe ni la enfade. Nada que no haga que quiera seguir adelante.

Y si alguna toma de decisión/limpieza te hace dudar por las consecuencias que pudiera tener…

PIENSA.

¿Realmente qué consecuencias serían esas? ¿Va a provocar el fin de nuestro planeta? ¿Se va a acabar TU MUNDO? ¿Va a morir alguien? ¿Va a molestarse alguna persona que realmente quieres en tu vida?

Si la respuesta a todas estas preguntas es NO, ni lo dudes. Ya estás tardando.

Creo que no hay nada más sano que llegar al punto de que te resbale todo lo que realmente no te importa.

Yo, por lo menos, ya tengo bastante con preocuparme y ocuparme de mis obligaciones y mis ocios, para también hacerlo de lo que me la suda.

Y no pasa nada. Porque como no está dentro de mis intereses, da igual.

Sí. Da exactamente igual, darlingDon’t worry. Be happy. 

De nada 😛

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