Actúa la comparsa de Martínez Ares.

Luis de Góngora, Machado, Niña Pastori, Alejandro Sanz, María Zambrano, Paco León, Picasso, Pablo Alborán, Vicente Aleixandre, Paz Vega, Gustavo Adolfo Bécquer, Rocío Jurado, Diego Velázquez, Federico García Lorca, Carlos Cano, Baltasar Garzón, Rafael Alberti, India Martínez, Antonio Banderas, Raphael, Paco de Lucía, Juan Diego, Luis Cernuda y María Galiana son algunas personas -solo algunas- de prestigio y notoriedad.

Todas ANDALUZAS.

Y podría enumerar a bastantes más, pero no es cuestión de aburrir al personal.

Con esta lista no pretendo clamar a la superioridad -que podría hacerlo-, sino llamar la atención de aquellos que todavía NO SE ENTERAN y que tienen a Andalucía y, por ende, a los andaluces -A TODOS- como personas culturalmente inferiores, que no sabemos hablar y que estamos todo el día de fiesta o durmiendo. Es obvio que gandules y tontos también tenemos, pero no más que en otros lugares, aunque a veces hagan parecer en los medios que esto está lleno de inútiles.

Como diría Juan Carlos Aragón «esa es la mitad de Andalucía de la que como andaluz yo maldigo y reniego».

Sí, ya se sabe que cada Comunidad carga con su estigma, pero el nuestro es algo más que eso.

Bastante más que eso.

Y se nota, se respira y se siente. Lo notamos, lo respiramos y lo sentimos. Y estamos ya hartos. Mucho. Estamos que mordemos.

Por eso, cuando he escuchado este año a uno de mis autores favoritos con su comparsa El perro andalú, he saltado por los aires, como la pólvora del último Domingo de Carnaval. Es tanta su simbología, su fiereza, sus ganas de salir de este tópico típico que roza, cuando no embiste, el insulto.

Y entonces empecé a imaginar el maravilloso año que les espera a Martínez Ares y a su grupo: van a entonar por toda Andalucía -y parte de España- ese grito de guerra, esa llamada al respeto, ese ladrido apasionado para que por fin «los sambenitos y las burlas se despeñen de una vez por el barranco».

Y entonces caí en la cuenta de una cosa.

No sé si Antonio también lo habrá pensado, puede que no, porque los genios muchas veces no son conscientes de sus genialidades. Y es que este Perro Andalú es, permítaseme la expresión, La Barraca de García Lorca del siglo XXI.

Es La Barraca 2.0.

Porque cuando cada andaluz escuche esta magnífica obra no podrá quedarse impasible.

Porque van a llevar a cada rincón este canto lleno de verdad y de justicia. Se trata de un nuevo despertar, de una moderna llamada de atención, de una exigencia renovada de dignidad. Se trata de una reivindicación cara a cara, frente a frente, sin desvíos de mirada, afrentando la visión burlesca que algunos -muchos- sostienen desde Despeñaperros pa’arriba.

Se trata de que por fin nos valoremos, cada uno, en lo que somos y en lo que deseamos ser. Se trata de conseguir que nuestra tierra sea el paraíso que ya es, pero creyéndonoslo. Se trata de sacarle partido de verdad a lo que tenemos, pero evidentemente beneficiándonos. Se trata de creernos lo que ya somos.

«¡Hermano, ladran, luego cabalgamos!»

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