Mi amiga Bea siempre anda metida en líos extraños. O random como ella dice. Movidas raras con personas que, en su mayoría, no le hacen ningún beneficio. Bea es una amiga muy particular.

No los conozco -ni ganas- pero solo por lo que me cuenta sé que no la quieren bien. Son sus amigos de siempre, es normal que no quiera darles la espalda, aunque eso signifique la automortificación: es su mierdizona, con sus retromonguers incluidos (palabra acuñada por Bea. O por lo menos yo solo se la he escuchado a ella).

Mi amiga Bea tiene su trabajo en algo que le apasiona, pero sus amienemigos se empeñan en fastidiarla. Pero ese no es el problema. El problema es que ella lo permite. Porque les une una amistad -mis cojones- y cómo va a sugerir siquiera que se vayan al mamaero más cercano.

Mi amiga Bea forma parte de un grupo maravilloso de amiguis en el que, aunque cada una es diferente a la otra y más allá, nos respetamos y complementamos a la perfección. Es como magia. Da igual que tengamos visiones distintas de la gordofobia.

Intentamos que Bea vea que la amistad es algo recíproco y que no conlleva interés. Corrijo, sí que lo hay: en hacerte bien tú y a la persona que tienes enfrente, o sea a la amiga en cuestión. Si eso no ocurre, no hay amistad. Cero, patatero. ¡Danger, calavera con dos palitos! ¡Pies en polvorosa! ¡Corre!

Mi amiga Bea es maravillosa, lo que pasa es que ella no lo sabe. Todavía. Es inteligente, ocurrente, ingeniosa, con unos ojazos enormes, trabajadora y muchas cosas más. El asunto es que ella no se lo cree porque no se ve. Es imposible que lo haga entre esa amalgama de toxicidad que la rodea.

Nosotras estamos a su alrededor, con nuestras cañas de pescar listas: tal como consigue salir unos milímetros tiramos de ella para hacérselo más fácil. A veces se nos escurre, pero es normal

Cada día está un pelín más cerca de la orilla, donde pueda hacer pie y salir por ella misma. Mientras eso ocurre, nosotras estaremos ahí, a su lado, apoyando su lucha que es la nuestra.

Quizás debiera contar cómo se quedó -por equivocación- con la mochila de una profesora o su entrevista a una de las mejores actrices españolas. Pero de momento me voy a quedar aquí.

Como hoy es su cumpleaños, quería dedicarle unas letras y decirle que ha sido una serendipia el haberla conocido. Con sus movidas incluidas.

Te esperamos en la orilla.

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