Este es el artículo número cien de mi blog. El otro día me fijé en el número y me dije…

– «¡Vaya! Ya casi que daría para un libro».

No será el caso, por lo menos de momento. El libro -mi primera novela- va por otros derroteros. Dichosos derroteros.

Pues eso. Cien. Debido a ciertos ajustes informáticos he tenido que repasar cada artículo. También las publicaciones en redes sociales.

Siempre me parece que no hago suficiente. Siempre me parece que flojeo. Constantemente me critico y desapruebo porque debería hacer más con todo el tiempo ocioso que tengo.

Sin embargo, ahí están los cien artículos -unos mejores y otros peores-, y todas las publicaciones, sin contar las historias diarias. Cuando lo veo en otras personas aseguro «¡Joder, vaya curro!».

Sin embargo cuando soy yo, nunca es suficiente. «Podría hacer más. Podría estar escribiendo más aprovechando el retiro, podría aumentar mis lecturas, hacer más ejercicio, debería de exprimir esta cabeza para que salgan cuantiosas y sugerentes creaciones (si es que ha salido algo así alguna vez)».

No me daba cuenta de que estoy rara, a veces triste, como todos. Que no es una situación normal y que, como tal, por mucho que intente mantener mi rutina ésta se ve a veces aplazada por la desidia o las ganas de hacer otra cosa que no sea estar delante del ordenador. De sentir y disfrutar la compañía en casa que, en circunstancias normales, no tendría a fecha de hoy.

No me daba cuenta de que todo lo que hago -absolutamente todo- me sirve para seguir aprendiendo; y lo utilizo, lo pienso y lo medito. Porque estoy totalmente enfocada a esto que me hace fluir. Y todo me beneficia porque son experiencias. Ha tenido que venir una puñetera cuarentena para ser consciente de ello.

Creo que va siendo hora de agradecerme todo lo que hago por mí. Y, sobre todo, de agradeceros a todos los que estáis tras las pantallas. Me sienta bien pensar que, de alguna manera, ayudo. Que soy útil, aunque sea por unos segundos de lúcida evasión.

cien

Este artículo número cien os lo dedico a ustedes. Por ser, por estar. Porque gracias a vuestro acompañamiento yo puedo hacerme siendo.

Porque siento que cada día doy un pasito más hacia el encuentro con vuestro reflejo, que es el mío. Porque no puedo hacer otra cosa que dar las gracias.

Una y cien veces más.

articulo
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