Doña Angustias piensa que, en cualquier momento alguien, quién sea, le va a decir que qué mierda hace. Sufre en sus adentros el temido síndrome de la impostora.

Teme sobremanera verse descubierta y que le digan que cómo se le ocurre aconsejar sobre nada, que a quién le va a interesar lo que ella pueda decir y por qué.

La señora Ansiedades es una farsante. Comenta como que sabe algo de nutrición, pero no tiene ni idea. Cree que entiende mucho sobre emociones, pero no sabe nada. Hace como que lee sin parar, pero le quedan un mar de libros pendientes y una columna interminable en su mesa por devorar.

No le gusta hablar en público, a veces incluso le cuesta hacerlo delante de ciertas personas, porque claro, saben mucho y ella nada y no quiere que su ignorancia la delate: su mente se queda en blanco o se atasca y ya ni pa’lante ni pa’trás.

Tiene ella la sana costumbre de compararse, siempre quedando por debajo, obviamente.

No es una doña de baja estatura, sin embargo, cuando una mujer más alta que ella se cruza en su camino, que no suele ser muy a menudo, se autodenomina con desprecio «enana», aunque no lo sienta por las personas pequeñas: es un asunto de su exclusiva competencia.

Cuando ve que alguien cumple sus sueños se alegra hasta las lágrimas, pero los suyos se alejan irremediablemente.

Es doña Angustias la típica persona que todavía no se ha sentado en el bar y ya está pidiendo y dejando pagada la consumición, no vaya a ser que un meteorito se estrelle contra la Tierra -dejando pendiente una deuda- y eso le impida el gran viaje por el Universo que el destino nos tiene praparado.

La señora Ansiedades es la dispersión hecha persona, por eso apunta en su agenda y en su lista de objetivos semanales todo lo que tiene que hacer. Sí, por duplicado. También en el móvil, además de ponerse alarmas para lo importante.

Desde su neblina mental, algunas veces más presente que otras, ha leído desde niña lo que caía en sus manos.

Terminó estudiando una carrera y un máster de humanidades y lleva años investigando sobre nutrición y emociones, viendo videos, leyendo, escuchando conferencias, tomando apuntes y reflexionando sobre ese conjunto de cosas que somos los seres humanos: átomos sensibles a todo lo que les rodea, como el propio Cosmos.

Doña Angustias reflexiona sobre la muerte en shavasana, la postura del cadáver, «qué mejor momento», se dice. Piensa que tendrá que morir, como todo el mundo, pero no quiere hacerlo decrepitándose.

Se afirma que quiere morir joven, lo más tarde posible, frase que integró de uno de sus expertos en nutrición y deporte favoritos. Un intento más de espantar a esa impostora hecha síndrome, según explica la psicología.

Su gata la olisquea, haciéndole cosquillas con los bigotes, sacándola de su reflexión.

Entonces escucha los golpes del camión de la bombona y recuerda que no queda ninguna, solo la puesta.

En pijama de gatito se calza las pantuflas y baja apresuradamente antes de que abandonen su calle, porque doña Angustias no grita desde la ventana, como todo el mundo. No porque le parezca ordinario, que se lo parece, sino porque su garganta, atenazada por la vergüenza, no es capaz de gritar «¡¡¡Butanooooo!!!» para que el susodicho repartidor la oiga. Ya lo intentó, y ese hilillo de voz que salió fue de lo más ridículo; por suerte, solo lo escuchó ella.

Así que allá va, como una nube esponjosa de algodón recorriendo la calle mojada por la lluvia y un moño retorcido, rodeado del encrespamiento capilar más bestial.

Corriendo a saltitos, se acerca al chico y le pide que suba dos a su domicilio, mientras retrocede sobre sus pasos, esperando que nadie relacione su look mañanero con la elegancia de la que suele presumir a diario. «No me reconocerán», piensa, «y si lo hacen, lo prefiero a tener que ducharme con agua fría en pleno febrero».

Quién le iba a decir que unas semanas más tarde saldría a su ventana así, frente a sus vecinos, sin pudor, a aplaudir cada día a las ocho de la tarde.

Quién le iba a decir que no era una impostora, sino alguien con una potente voz -su voz- con muchas cosas que decir. Ella, doña Angustias Ansiedades.

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