Dudo sobre si escribir este artículo. El tema es truculento, pero necesario.

Salvo que alguien haya inventado una máquina del tiempo, la dirección de nuestra vida es solo una: hacia delante. Las decisiones que tomemos hoy nos llevarán a nuestra situación de mañana. Y la muerte, aquí viene lo truculento, está esperándonos pacientemente al final del camino.

A veces se ha llegado a ella de manera inesperada y, en segundos, horas o pocos días se desaparece de esta dimensión para -quién sabe- aparecer en otra. Yo así lo creo, me reconforta, como haría cualquier otra religión, pero sin ataduras. Me he creado una propia para no tener que amoldarme a nada, solo a mí misma.

Pero otras, la truculenta no termina de llegar. Y deja a las personas postradas en una cama, sin capacidad de reacción, mucho menos acción. A veces por enfermedades o accidentes, otras por la propia vejez. En este último caso es donde mejor se ven las decisiones -y recuerda que no decidir también lo es- que hemos ido tomando durante la vida. Pongamos unos ochenta años de toma de decisiones.

La mayoría conocemos lo que implican ambas situaciones y, pensando sobre ello, me doy cuenta de que hay una serie de gestiones muy importantes, pero que no lo parecen tanto, a la hora de vivir y envejecer de la mejor manera posible. Se habla mucho sobre ellas, pero no como un todo. Por eso, aquí dejo un decálogo de decisiones para mí misma, ahora que lo tengo más o menos claro, pero mi mente dispersa retiene poco y vuelve a las andadas en cuanto me doy la vuelta. Y si de camino, al publicarlo, ayuda a alguien, pues maravilloso. Con esa intenciónn está hecho: es un resumen de todo lo que he ido aprendiendo en cursos, talleres, charlas, lecturas y experiencias propias. Allá va:

1. Salud mental. Muy de moda ahora. Primordial gestionar nuestros traumas y mierdecitas mentales para poder llevar a cabo una vida sana, tanto por dentro como por fuera. Spoiler: en mayor o menor medida, todos tenemos. Y es que somos un engranaje complejo, en el que cuerpo, mente y alma están íntimamente relacionados. Por ese motivo los problemas mentales (no hablo de enfermedades) terminan somatizando en el cuerpo cuando no se les pone remedio (por ejemplo, vivir en contra de tus valores. Pero para poder solucionarlo tienes que parar y pensar cuáles son; qué es importante para ti, no para tu madre, tu padre o tu vecino. Y en función de tu respuesta -honesta contigo-, reconducir lo que estás haciendo con tu vida. Pero lo primero es parar). Las pupitas desaparecen, la ansiedad se va, las ronchas, las contracturas de espalda ya no están. Esto no es nada fácil y, en muchos casos, requiere de ayuda profesional (terapia).

2- Comer de manera saludable. Y con esto no quiero decir que tengas que mutar en un conejo. Voy a poner el ejemplo contrario, a ver si así se entiende mejor: si comes todos los días, cada día, comida ultraprocesada, llena de grasas saturadas malas (no toda la grasa saturada lo es) y azúcar, que un día a la semana comas de manera saludable y equilibrada no va a significar nada en el dañino resultado total de la ecuación, que eres tú, al completo, no solo tu cuerpo: recuerda que somos un todo. Por lo tanto, si durante toda la semana te alimentas de comida real, dando a tu cuerpo los nutrientes necesarios, que un día a la semana te comas una pizza o un donut, tampoco va a suponer una merma en tu salud. Lo disfrutarás más y esa flexibilidad te permitirá adaptarte mejor a esa forma de vida, no a una dieta llena de prohibiciones y culpa.

3- Mantenerse activo. Sí, hay mucha turra con esto, pero es totalmente necesario si queremos estar lo mejor posible el mayor tiempo que nuestra amiga, la truculenta, nos permita estar por aquí. Da igual la edad que tengas, o si nunca has hecho ejercicio. Si puedes moverte, sigue haciéndolo para que dentro de unos años tus piernas y tus glúteos te permitan ir al servicio a hacer pipí y otras cositas. Sigue haciéndolo para poder vestirte cada mañana. No importa cómo: gimnasio, en casa, caminar, correr, bailar. No son necesarias las pesas, con el peso de tu propio cuerpo puedes mantenerte activo y saludable. Sin material, sin cuotas. Solo hay que invertir un poco de tiempo. No sé dónde lo leí, la frase no es mía, pero decía algo así: «Quien no encuentre tiempo para el ejercicio tendrá que encontrarlo para la enfermedad». Y ganas, dirán algun@s. No. Sin ganas también se entrena. ¿Tienes ganas todos los días de lavarte los dientes? Ni te lo planteas, ¿verdad? Pues esto es lo mismo.

4- Buena compañía de familiares y amigos. Otro punto fundamental: tu colchón social/emocional. Rodearte de personas que se ajustan a tus valores, que no te hagan sentir como mierdecilla, que hacen la vida fácil. Las complicaciones ya vienen solas. Si ahora, que eres funcional y tienes capacidad de acción, las personas de las que te rodeas o alguna de ellas te trata mal, ¿cómo crees que lo hará si en algún momento pierdes esa capacidad de acción, o sea de moverte y hacer las cosas por ti mism@? ¿De verdad piensas que entonces se dirigirá a ti con cariño y respeto, si nunca lo ha hecho? Sin mencionar que con este tipo de actitudes, llegado el momento, esa persona ya te verá además como una carga donde descargar sus frustraciones, si es que no desaparece.

5- Independencia económica. Procura, en la medida de tus posibilidades, generar ingresos pasivos, y cuanto antes, mejor. Jamás, nunca, jamás de los jamases dejes en manos de otra persona tu estabilidad financiera. Tienes que saber en todo momento en qué situación estás, para poder tomar las decisiones que creas oportunas y, así, equivocarte lo menos posible. Y si lo haces que sean tus errores, gestionados por ti. Si, por ejemplo, estás en una relación y esta acabase por la razón que fuese, y una de las personas sabe en qué condiones quedaría económicamente y la otra no, no se está dando una relación igualitaria. ¡Peligro!

6- Descansar, relax, momentos gustositos. Lo de «la vida es un valle de lágrimas» es eso, un valle. Hay otros muchos más mejor. ¿Para qué quedarte en ese valle, madre del amor hermoso? La vida se compone de penas y alegrías, no vas a ser feliz siempre, así que deja de buscar esa felicidad eterna cabalgando en un unicornio de colorines, y ve a por momentos que te llenen, cosas que te encanten, descansos que te cargen las pilas. Descansar no es solo tirarte en el sofá a ver una peli chorra mientras haces scrolling, que también. Se puede descansar dando un paseo, tomando algo, yendo al cine, al museo, a un concierto, cocinando algo rico, dibujando, mirando una puesta de sol o las estrellas, leyendo… Las posibilidades son tan amplias como tu imaginación y tus gustos, y no tienen por qué incluir a otra persona. Todo lo que he dicho y lo que se te ocurra a ti lo puedes hacer sol@ o en compañía. Compruébalo. Y si no se te ocurre nada, pregunta, bichea. Las redes sociales pueden darte pistas. Eso que te hace sentir mullidito, ahí es.

Y hasta aquí este Decálogo. Puede que se me haya pasado por alto algún punto, pero lo básico está. Léelo y vuelve a él cuando lo necesites. Imprímelo y ponlo en un lugar visible. Compártelo en redes (etiquétame, si quieres) y con esas personas que sabes que les vendría bien leer algo así. Espero que te sirva. A mí seguro que sí.

*Según la RAE «un decálogo es un conjunto de normas o consejos que, aunque no sean diez, son básicos para el desarrollo de cualquier actividad». En este caso, la vida.

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