Hola,

como ya dijo Michael Jackson dando título a una de sus canciones más conocidas: They don’t really care about us («Realmente no les importamos». Y añadiría «una mierda». Pero al Rey del Pop no le hacía falta ser tan explícito).

Una de las últimas cosas a las que querría dedicarme es a la política. Una profesión, en teoría, de fines nobles y donde, como en todo, siempre hay honrosas excepciones, aunque yo no me haya cruzado personalmente con ninguna.

Me gusta lo políticamente incorrecto y lo decentemente humano.

Directamente, me parece penoso y miserable medrar en una profesión que existe y se nutre de los impuestos que todos pagamos para gestionar los recursos y ayudar a los demás. Y sin embargo, en la práctica, suele ser un enorme estercolero pestilente de todos los colores habidos y por haber, donde pocos —si los hubiera— se salvan del hedor.

Lo último que querría ser es política. Y, hace muchísimos años, quise. Las ganas de la juventud de creer que puedes cambiar las cosas. Por suerte, noté —antes incluso de asomar la nariz— que aquello no era para mí.

Me di cuenta de que aquel era un espacio donde el ego sin gestionar campa a sus anchas, el narcisismo planta el upite sobre la mesa, y donde la solidaridad y la buena fe —que es lo que debería sostenerlo todo— quedan relegadas. Y entendí que en un entorno así no sólo no encajaba, sino que me hubiera hecho enfermar —de verdad— más pronto que tarde.

Observo lo que el poder hace con quienes entran ahí: cómo desplaza la intención hacia la imagen, cómo premia la visibilidad por encima del fondo, cómo convierte lo que debería ser servicio en estrategia.

Y, muchas veces, se traduce en eso: en hacer como que importan los demás, en medir cada gesto, cada foto, sonriendo maliciosamente, calcular cada palabra y acción en función de escudriñar un voto porque, lo que suceda más allá de sus hocicos, poco importa. Sólo pendientes de cómo quedar bien una vez más, para recibir la ansiada palmadita en la espalda del partido.

Menos mal que aborté mi inocente misión de ser política. De todas formas, tampoco hubiera durado mucho por esos lares.

Mi cabeza hubiera rodado, incluso antes que la de Ned Stark.

¿Y tú? ¿Sientes que de verdad les importamos? Te leo.

Con cariño,
Isa

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