Hola,

hace poco descubrí algo. Y lo he hecho porque empecé a hacer algo diferente.

Hace años instalé una rutina muy clara a la hora de escribir: hacerlo siempre por las mañanas, en alguna cafetería.

Y hubo un tiempo en que funcionó: cuando tenía una historia que contar.

Sin embargo, cuando las dos historias (Cuando todo se volvió acuarela y mi segunda novela, que aún no ha visto la luz) acabaron, me empeñé en continuar con la misma rutina… Cuando yo ya no era la misma persona.

Empecé otra novela. Después, un ensayo. Pero nada fluía. Así que paré.

Me sentía culpable por no hacer. Poco a poco retomé, y empecé a escribir algunas tardes. Pero también me sentía mal por no respetar «mi horario de escritura».

Hasta que solté.

Dejé de asfixiarme a mí misma con lo que hacía antes, para darle espacio a la que soy ahora. Y entonces, todo empezó a encajar.

El tiempo se estiró. Las palabras retomaron su espacio en mí.

Volvía a tener cosas que contar.

Y aquí sigo. Fluyendo, por fin.

¿Y tú? ¿Te cuesta dejarte fluir? Te leo.

Con cariño, Isa

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