Hoy no me voy a andar con contemplaciones porque, básicamente, estoy hasta los cojones.

Lo que el viento se llevó es mi película favorita, pero es más que eso. Da igual mi gusto. Lo grave de toda esta situación es esta censura al reflejo de una sociedad y de unos hechos históricos ocurridos y demostrados. Esta obra maestra del cine, que antes fue novela, muestra una realidad dentro de una historia de ficción. En estos hechos se encuentra el contexto y, sí, siento decir que en el siglo XIX no solo existía el racismo, sino también la esclavitud. Tampoco hemos cambiado tanto, háganselo mirar.

Hattie McDaniel, primera mujer negra en recibir un Oscar

El problema no es que haya algunos que protesten, eso siempre va a ocurrir. El problema es la nula capacidad de discernimiento y argumentación de ciertas personas de plataformas audiovisuales para negarse a tal esperpento. Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar. Y negarse, en este caso, hubiese sido cuanto menos virtuoso, por no decir coherente.

Siento decir, por si algún unicornio todavía no se ha enterado, que el racismo existió y -por desgracia- sigue existiendo y que, si ahora, en 2020, se hiciese una película en la que se narraran sin florituras los hechos actualmente acaecidos en EEUU -cosa que dudo-, quizás dentro de 80 años la retiraran según estos mismos pueriles criterios. Aunque tal y como está la cosa dudo siquiera que se estrenara.

Es lo que tiene la Historia, querid@s ofendidit@s, que narran los hechos, las historias, lo que ocurrió, aunque en vuestras felices mentes unicorniales y unicelulares no tengan cabida. Y es lo que tiene el cine, que cuenta historias, reales o no, ficción o no o mezcla ambos, o no. El cine, la novela, esas cosas que sirven para entretener a la par que para reflexionar y, a veces, hasta para aprender. ¡Y sin esfuerzo!

Escena de la Guerra de Secesión en Lo que el viento se llevó

Quizás deberíamos plantearnos retirar también Ben-Hur o El Padrino, La lista de Schindler o Gran Torino… Quizás os apetezca que solo sobrevivan Los Fruitis, Prometeus o basuras varias mezcladas con arcoíris felices para que nadie se ofenda. Quizás debamos eliminar la asignatura de Historia de los colegios e institutos porque es que cuentan unas cositas… Que vaya tela el ser humano… Quizás deberíamos quemar en una hoguera los escritos de Fray Bartolomé de las Casas o de sus detractores, porque hay que ver cómo ofenden los cabrones del siglo XV.

Quizás resulte interesante que la Historia deje de serlo y hacer que permanezca en gordos y aburridos manuales, mientras en las pantallas solo vemos historias de naves espaciales y rayos láser o preciosas y divertidas comedias románticas, o violentas películas de tiros que no cuentan absolutamente nada. Que está muy bien que las haya, pero ya sabéis por dónde voy. Sí, quizás sea más interesante que la Historia no esté presente en el consumo del bien común, es mejor que se retire a sus aposentos.

No estoy ofendida. Estoy indignada, porque me siento insultada y ninguneada como persona, cinéfila e historiadora. Pero eso es lo de menos. Me reitero: yo no importo. Lo malo de todo esto es el peligro que corre la sociedad, negándonos a lo que fuimos alguna vez y a lo que somos, a lo más happyflower.

¿Qué será lo próximo, correr un estúpido velo sobre nuestro pasado, no vaya a ser que alguien se ofenda? ¿No contar lo que sucede para que las posteriores generaciones sepan lo que ocurrió, no se vayan a traumatizar?

Mejor que no sepan nada del ayer, no sea que se aburran al verlo repetido en sus carnes como un castigo. La sentencia que dice que todo aquel pueblo que no conoce su Historia está condenado a repetirla.

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