Stop & Go. Nueva realidad tras la pandemia.

«Pida en nuestra carta online y recoja en el coche, sin necesidad de aparcar». No es la publicidad de ninguna conocida franquicia, instaladas y preparadas estratégicamente para vender sin necesidad de bajarse del coche.

En ese cartel se veía la desesperación por sacar adelante este mundo que se hunde bajo nuestros pies, ya que todo lo que hemos conocido se está transformando a pasos agigantados y no sabemos muy bien qué hacer para salvarnos de esta presumible debacle.

Nuestro mundo conocido se desdibuja y nosotros seguimos adelante, como si nada. O por lo menos lo intentamos.

Hemos reanudado nuestras compras de ropa o cosméticos, nos tomamos un helado o quedamos con amigos. Pero estamos al corriente de que andamos por arenas movedizas y, en cualquier momento, estaremos imbuídos en un nuevo mundo que se ha ido gestando sin que nos diéramos cuenta- Des esta manera, el antiguo -nuestro mundo- el que hemos conocido y vivido desde la infancia, ya no existirá.

Ahora pare con dolor uno nuevo, incógnito, con nuevos caminos, desconocidos, pero no nos paramos mucho a pensar cómo será, porque nos aterra. El triptófano es nuestro aliado para conseguir descansar y dejar de darle vueltas a algo que, por más que pensemos e imaginemos, se nos escapa por novedoso.

Es algo que ya me explicaron en el último curso de la carrera y creo que es de las pocas cosas que recuerdo, porque me marcó -presentía que nos tocaría vivir algo así, aunque no tenía ni idea de que sería esto. Soy muy intuitiva, pero no adivina-.

Decía algo así: «En los momentos en los que la humanidad entra en crisis -no solo económica-; cuando se está abajo, fuera del todo en la mayoría de aspectos de los que se forma una sociedad, se vislumbra la subida, la montaña por la que ascenderemos, pero es imposible ver qué hay detrás de ella y eso nos genera inseguridad y, por ende, ansiedad». Somos humanos. Somos así. Pero tranquilos, no es la primera y seguramente no sea la última. No es la primera vez que nos enfrentamos a una nueva realidad tras una pandemia, o una guerra, o lo que sea que ocurra.

La mayoría de nosotros sobrevivirá.

Las cosas han cambiado tanto que hasta las guerras son ya diferentes, aunque sigamos sin ser capaces de gestionar con rapidez y eficiencia los cadávares que deja.

La mayoría de nosotros aprenderá a vivir en esta nueva realidad que nos espera, echaremos la vista atrás y recordaremos, nostálgicos, lo bueno que era todo. Aunque no todo fuera bueno. Echaremos de menos hasta lo malo, porque ya no nos lo parecerá tanto. Como les pasa a nuestros abuelos, los grandes perdedores y sufridores de este nuevo alumbramiento.

La vida sigue, a pesar de todo.

Hagámonos siendo, aprovechemos lo que ya sabemos con lo que nos ofrece este nuevo mundo para fluir, existir y ser lo que siempre quisimos. Sobrevivamos solo lo necesario; vivamos el resto del tiempo. Mucho, todo el rato.

Seamos.

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2 comentarios

  1. ¡Buenos días, querida!
    Me gustó mucho el artículo. Muy bien expresado y me ha encantado que lo hayas simbolizado como su fuera un parto. Brava, Isabel!

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