Centro Comercial Lagoh. Las cuatro de la tarde. Resulta que aquí tienen el tubo al que le meten aire y simula que vuelas. Bueno, en verdad VUELAS. Quiero volar. Sin vértigo, sin miedo. Solo soñar y volar.

SOÑAR.

Como ahora.

Era una niña que soñaba un caballo de cartón. Abrió los ojos la niña, el caballito voló. Con un caballito blanco la niña volvió a soñar, y por la crin lo cogía, ahora no te escaparás. Cuando la niña se hizo moza, la moza tuvo un amor y a su amado le decía “¿Tú eres de verdad o no? Cuando la moza se hizo vieja, pensaba todo es soñar… El caballito soñado y el caballo de verdad”[1].

Los sueños se manifiestan como inalcanzables porque si no, no serían sueños. Parece que se nos escurren entre las manos, quedan lejanos, a veces incluso olvidados, relegados al fondo de nuestra alma.

Cuando eso ocurre dejamos de ser nosotros: nos convertimos en una mera mala copia de lo que realmente somos. Por eso yo reivindico tanto el SIÉNDOME: sentirse uno desde dentro, dándonos la vuelta como un calcetín, desde las tripas, sin esconder nada, porque no hay nada en nosotros que merezca perderse la luz del día (exceptúo a los entes malévolos que nos rodean. A esos ni agua).

No seamos simples copias de nosotros mismos ni de los que pululan a nuestro alrededor. La vida está hecha para ser especial, para sentirte especial, porque lo eres. Porque lo somos.

Cada uno entraña sus sombras porque poseemos luces. Cada uno espera SU MOMENTO cuando el único instante que existe es el AHORA; el pasado ya se fue y el futuro no sabemos siquiera si vendrá. ¿Qué más da?

Céntrate. Centrémonos. Hagámonos siendo.

Aprovecha este cuerpo que tienes, cuídalo y disfrútalo. Es prestado, pero no se aconseja retornarlo nuevo. Devuélvelo gastado, reído, llorado, viajado, satisfecho, lleno de experiencias, lleno de vida al fin.

Tu alma lo agradecerá, se irá en paz a dónde quiera que vaya, observando ese cuerpo ya maltrecho cuando el aliento lo haya abandonado. No es más que una carcasa que alberga nuestro sistema operativo. Déjalo soñar y volar.

AHORA. INSTANTE. CUERPO. ALMA.

SIÉNDOME.

[1] He escrito este poema de Antonio Machado sin pensar, tal como lo he ido recordando, permitiéndome además la licencia de cambiar el género, ya que mi padre me lo cantaba de pequeña y he querido evocarlo así. Aquí podéis encontrar el poema original al que Paco Ibánez prestaba su voz: https://losfundamentales.com/2014/09/11/era-un-nino-que-sonaba-antonio-machado-editorial-catedra-recomendado-12-anos/

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