El sueño va, viene. Emigra.

Teletransportando imágenes, de aquí a allá, sin orden ni concierto. Nace, aunque la mayoría de las veces sea incapaz de explicarse en toda su verdad. El sueño viaja desde fuera hacia dentro, de una dimensión a otra, confundiéndose con la materialidad y la alucinación. Desde aquella calle de farolas dieciochescas hacia la última ramificación neuronal, aposentándose. Se queda un rato o para siempre: sueños que se recuerdan durante todo el trayecto, otros se volatilizan cuando la supuesta realidad asoma sus raíces.

Lugares. Un avión que se va, un barco que nunca llega a puerto, una ciudad desconocida, una barca que flota en espacios libres de humo y virus. Pisar unos cubitos de hielo a ras de un edificio, ordenados como adoquines bajo los pies, formando un perfil faraónico, mientras otros, algunos con mascarillas, rellenan los huecos con más piezas sacadas de una bolsa de plástico, apurando un botellón.

Una playa. Renacer. Quizás porque la muerte no llega. Solo resucita la vida en otro lugar que siempre estuvo, pero que la simpleza humana nunca vio. Si acaso se barrunta rara vez en sueños, quizás de la mano de un ente que invita gustoso a su nueva e infinita morada.

Lugar placentero; la calma se pare a borbotones, fina tela semitransparente, igual que cuando miramos por la ventana a través de un visillo. Parpadeo, el tiempo se rebobina, como en una cinta VHS grabada tantas veces, una imagen encima de otra. La nitidez brumosa desaparece. La arena es testigo de vómitos nunca espiados, pero que ahora golpean. Racha de Levante sin alma. La impotencia hace acto de presencia.

No hay nadie, la playa está vacía. Todo ha desaparecido. Solo arena, agua y luz cegadora, blanca, brillante y, detrás de ella, esa persona. Aparecida. No es un adiós, es un hasta que se te acabe el tiempo. Es un sigue soñando. Disfruta. Sueña. Pero despierta.

La pupila se enfoca, le da información valiosa al ordenador central para advertir dónde está el cuerpo. Reseteo. La luz no tiene la misma claridad. Vuelta a empezar. Siguen corriendo las respiraciones. Y gracias. Emigra.

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