Me acuerdo de los Carnavales pasados; cuando empezó todo esto.

Me acuerdo de la Erizá, de escuchar Caleta en San Antonio con mi amiga Ana, rodeada de gente, mientras unas copitas de Cream me calentaban la garganta.

Me acuerdo de la primera vez que escuché la presentación de La chusma selecta; de cómo noté el nerviosismo del grupo porque sabían que lo que cantaban no era cualquier cosa. Me acuerdo que no me podía creer lo que Antonio había hecho. Me acuerdo que me dije «otra letra para la posteridad».

Me acuerdo de la chirigota del Selu, de su cuplé: tirando los pitos de Carnaval al público, en un teatro lleno, donde la gente se desternillaba y aplaudía a la vez. Me acuerdo de cómo nos reíamos de su bien llevada letra, acorde con su personaje, como siempre. Y me sigo riendo, mucho, con ese cuplé. Y con todo lo que pare este genio. Pero, ay, qué no sabíamos la que se nos venía encima.

Me acuerdo de la semana de Carnaval, los coros en la plaza en la misma compañía de estos últimos 21 años. Estoy escribiendo esto y se me llenan los ojos de lagrimones, no lo puedo evitar. Me acuerdo de cómo mi amigo Josema me dejaba el pesado sombrero de su tipo para hacernos una foto, que ya se ha convertido en tradición. Cada año, en la Plaza, con su coro, que también es mío, mientras me emociono con un tango que ya me sé de memoria.

Me acuerdo que disfruté cada instante porque me esforcé porque así fuese, porque quería dedicárselo a mi padre. Me acuerdo que me afané por reir más que llorar, aunque ambas cosas estuvieron a la par. Las emociones escapaban, disparadas, en llanto o risa.

Me acuerdo que fue un Carnaval más triste, por mis circunstancias y por la marcha de Manolo y Juan Carlos. Me acuerdo que todos -todos, se notaba en el ambiente- hicimos un esfuerzo por echarlos de menos sin pena, poniéndonos a cantar para olvidar por Carnavales. Pero haciéndolos presentes en cada cuarteta.

Me acuerdo de los Carnavales pasados, que dábamos por hecho tantas cosas que me sorprende que así fuera. Me acuerdo que era un regalo ver en la calle José del Toro a la chirigota Como Dios, rodeada de personas, mientras se bebía, se cantaba, unos pegados a otros, entonando el Credo de Aragón, nuestra oración.

Seguiré orando, es decir cantando, en mi casa, en la ducha, tarareando por la calle bajo la mascarilla, hasta que por fin podamos retirarla de nuestra cara, yendo a rostro descubierto, sin más armas que nuestra sonrisa a voz en grito. Porque en algún momento va a ocurrir. Tiene que hacerlo.

Porque pasaremos por encima de esto y crearemos más me acuerdo de esos que forman una vida.

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2 comentarios

  1. Tu sentir escrito es mi sentir y el de muchos otros Isa….no se que sentido tiene todo esto,  ni que señal del destino lo justifica, al no ser  una decisión propia en libertad, a todos nos han robado, arrebatado, esquilmado, entre otros momentos de la vida, este carnaval de nuestro tiempo y que no lo recuperaremos por muchos miles que vivamos. Así que para quitarnos ese sentir de ausencia y pérdida tendremos que pintarnos dos coloretes promascarilla y gritar en Febrero con el yugo, asfixiando, apretando o aliviando …🎭»señoras y señores esto es carnaval «🎭

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