Estoy cansada, mi alma lo está. Mi mente necesita dormir y no pensar. Agotada de ir de un lado a otro, rebotando por cada esquina del cerebro. Por eso no se me ocurre nada. Iba a corregir, pero la opción de revisión de Word no funciona en la tablet. Y este teclado no funciona bieen a pesar deee seeer casi nueevo. Eestoy harta deee correegir las letras e dee más.

Eeen el momento que eescribo de corrido las e salen disparadas deel teeclado, dee dos en dos, o más. Si paro cada veez que una e seee reepite, tengo quee cortar con lo quue pieeenso y eescribo, y entre eeso y lo cansada que eestoy es imposiblee que salga algo deecentee deee aquí. De hecho eestoy convencida deee que eesto seeerá impublicable, peeero entree eeesto y no haceer nada o mirar eel móvil, prefieeero eeescribir, aunque sea un turuño sin seeentido. Y con muchas letras e de más.

Eras alguien a quien conocía. Ahora no sé quién cojones eres.
A veces te miro, buscando algo que me recuerde a ti.

Un fantasma por el pasillo. No hablas. Los fantasmas no lo suelen hacer, salvo en psicofonías. Quizás si pongo la grabadora del móvil aparezca tu voz pidiendo ayuda. Quizá grites que quieres acabar ya esa tortura que tú mismo has decidido inflingirte. En qué momento lo elegiste, no lo sé. Creo que no lo hiciste, solo te dejas llevar: decides dejarte llevar. Y dices que está bien para ti; yo solo puedo decidir por mí. Ahora. Antes no sabía qué quería ni quién era. Solo sabía que te quería a ti y que sin ti yo no era. Fin.

Escuchar Nirvana mientras la ansiedad me estruja el pecho es un dolor exquisito. De alguna manera me libera, de ahí el placer. Necesito dormir. Descansar. No pensar. No mirar el móvil. Solo quiero respirar y estar tranquila. No redes sociales. No adelantarme a los acontecimientos, que se agolpan en mi mente con la publicación de mi primera novela, viviendo todos los escenarios futuribles posibles. Ser valiente y no hacer absolutamente nada. Con Nirvana de fondo.

Dime si sientes lo mismo, si estás conmigo.
Sigo buscando a la niña que llora en tus fiestas. Vuela por el cementerio de mi voluntad. No sé dejar de adorarte. Cada vez que me miras así.
Solo sé decir su nombre, no recuerdo ni siquiera el mío.
Nos hizo quemaduras aquella libertad.

Porque te miro a los ojos y no me sale la voz. No quedan días de verano, el viento se los llevó. Nunca vas saber cómo me siento, nadie va a adivinar cómo te recuerdo.

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