Cafetería. Mujer de unos 50 años habla de limpiar, cómo hacerlo estropajo en mano y los usos de la lejía. La acompañan una señora mayor que interviene de vez en cuando y asiente orgullosa y un hombre que la mira sin escuchar.

Club de lectura. Reunión del próximo martes. Todas seremos mujeres.

Gimnasio. Actividad que consiste en realizar cargadas de peso al ritmo de la música, más conocido como Body Pump. En la sala entre 30-40 personas. Todas somos mujeres. La monitora se da cuenta del detalle y advierte sonriendo “ya queda menos para que gobernemos el mundo”.

Estamos en todas partes, con los ojos muy abiertos ansiando, deseando hacer cosas. Quizás no nos damos cuenta, pero es la primera vez en la Historia de la Humanidad que las mujeres tenemos acceso a tanto. Que somos visibles.

Liberación tras siglos de sepultura.

Decirle a otra mujer lo orgullosa que estás de ella, aunque no la conozcas mucho, pero es que lo estás, se te sale el orgullo por los poros.

Admirar la belleza de unos morros rojos porque no necesitan nada más. O sí. Qué más da. Y la buena cara que hacen. Y lo fantásticas que nos sentimos.

Y lo maravilloso que es la sororidad.

Decirle a una chica que no conoces de nada lo que te gusta lo que hace. O que otra te lo diga a ti.

Dejar atrás toda esa mierda de envidias y reojos que nos habían inculcado desde pequeñas:

  • Qué falda tan corta, es una zorra.
  • Qué maquillada va, es una puta.
  • Lleva la camisa abrochada hasta arriba, parece una monja.
  • Se ha liado con dos en una semana, es una guarra. O en un día, es muy, MUY guarra.
  • Pues se ha puesto hoy un traje de chaqueta, será marimacho.

Que nuestros temas de conversación hayan dejado de ser exclusivamente la limpieza y el cuidado de los hijos. Porque la vida ocurre más allá de esos muros infranqueables e invisibles con los que nos hemos topado a lo largo de los tiempos.

Porque poco a poco, A PICO Y PALA, día tras día, algunas mujeres han ido agujereándolo para las que veníamos detrás.

Para que saquemos la cabeza y veamos.

Para que saquemos nuestras manos y toquemos.

Para que saquemos nuestras piernas y corramos.

Para que vivamos al otro lado que es donde está la vida. LA DE VERDAD.

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